Hoteles de trabajo y lugares donde duermo cuando viajo

Publicado el 9 de Octubre de 2013

Hotel

Se suele decir que “a todo se acostumbra uno” aunque al común de los mortales le pega más el “a lo bueno se acostumbra uno rápido“. El problema es que algunos no debemos ser simples mortales y lo bueno, a veces, lo subjetivizamos demasiado.

Lo bueno suele depender del momento, de lo que lo rodea, lo bueno no es bueno en si mismo si no en unas circunstancias concretas. Lo que para unos es bueno para otros puede ser regular y lo mediocre de muchos puede encantarnos a algunos.

Dicho esto, que es como si no hubiese dicho nada, debo comentar que por temas de trabajo he viajado bastante, tanto de operador de cámara, como en las distintas etapas en publicidad, el tiempo que pasé de ayudante de fotografía o el periodo que estuve de divemaster. En la mayoría de los casos cuando se trata de trabajo los hoteles a los que me han llevado suelen ser una pasada; habitaciones espectaculares con camas que son tan largas como anchas, espaciosos salones, baños gigantescos y todo lujo de detalles. Dejo algunas muestras.

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En ocasiones con salas de estar casi mejores que el salón de mi casa y todas la veces con habitaciones mejores que la mía. Por no hablar de la cama.

Son los lugares perfectos para llegar después de un largo día de trabajo, para relajarse y descansar sin hacer mucho más que disfrutar de la tranquilidad… si el aire acondicionado no suena y no te han tocado vecinos coñazos. Perfectos para dormir y descansar como un bebe una vez has sido capaz de descubrir como cojones se apagan todas las luces, se baja la persiana y se apaga la televisión (que además se enciende sola).

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Y en mi caso poco más. Porque a mi los hoteles me parecen demasiado fríos, y no lo digo por la temperatura. En estos hogares asépticos es practicamente imposible sentirse en casa, y cuando uno pasa tanto tiempo viajando a veces apetece la sensación. Es difícil conocer gente, la mayoría de los que están allí lo hacen por las mismas razones que tú (trabajo) y no por diversión, o son familias o parejas con los que es más complicado interactuar. Los empleados cambian en turnos y cada paso por la recepción es un volver a empezar en el que nadie sabe quién eres.

También tengo que decir que hay hoteles de este tipo increíbles en los que sus trabajadores y el ambiente me hicieron sentir un poco más en casa. El servicio se diferencia del resto por su calidad y por su calidez, citaría el Mandarín Oriental de Ginebra o el Botánico de Tenerife  por poner un par de ejemplos que me sorprendieron muy gratamente. Ambos tienen precios que ni de lejos me hubiese podido permitir por mi mismo y tal vez eso también me hiciese disfrutarlos, pero personalmente no sería capaz de pagar lo que vale una habitación en cualquiera de ellos y pegar ojo esa noche.

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Un capítulo aparte son los baños. Cuando estoy en ellos pienso que tampoco necesito tanto pero después de unos meses sin agua caliente por Asia y con el modelo suelo-plato de ducha todo junto, en el que puedes sentarte en la taza y darte un baño al mismo tiempo, a veces llego a soñar con aseos como los de los hoteles que comentaba. Con su yacuzzi (que nunca tengo tiempo de probar), su taza en la que puedes tirar el papel higiénico (su taza vale muchas veces), su papel higiénico (no me acostumbro al chorrito), su agua caliente, su ducha con presión, sus espejos, su kit de aseo con todo, sus albornoces (si, soy muy de albornoz)… bueno, pues esas cositas que molan pero que, al fin y al cabo, también son prescindibles.

En realidad se agradecen pero cuando llevas tiempo sin ellas te acabas olvidando, total, no hay otra.

Lugar

Pero luego me voy por mi cuenta, comienzo mis viajes y me encuentro con que lugares que no son tan… ¿buenos?, se acaban convirtiendo en verdaderos hogares. Lugares en los que te sientes cómodo, en los que no tienes nada más de lo que necesitas, en los que te tratan como si fueses de la familia y no te cobran el wi-fi.

Lugares en los que sus huéspedes llevan miles de kilómetros de viajes increíbles escritos en las suelas de sus botas y las anécdotas riegan las noches, junto a la cerveza, en conversaciones sin fin sobre aventuras reales o soñadas. Lugares en los que sus dueños llevan más kilómetros que los huéspedes y todos juntos lo cuentan a coro desde las paredes. Lugares de los que puedes leer su historia en las arrugas de las manos de los trabajadores o en las grietas de los muros de las habitaciones. Lugares en los que se puede mantener una conversación multitudinaria sin que ninguno de los presentes hable el mismo idioma o donde acercarte a la recepción para pedir una toalla puede parece una escena de Lost in translation.

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Es en esos lugares donde se siente el viaje, en habitaciones compartidas con extraños que has conocido un rato antes o con amigos que toda la vida que conociste ayer. Donde aprendes a contemplar el mundo como una aventura y donde una simple cama puede ser casa.

Esto “lugares” pueden ser de muchos tipos y condiciones. Yo, como Jonh Rambo, he dormido en lugares que harían vomitar a una cabra, en lugares donde parecía que ya había vomitado, en lugares buenos y en otros algo menos. Las habitaciones nunca son iguales pero muchas lo parecen. A veces son normalitas, como en la foto de arriba, en las que pago lo mismo yo solo que 2 personas (el mundo no está preparado para viajeros en solitario) y puedo “desparramar” todo a mi antojo sin preocuparme de nada. La media por algo así con baño propio es de entre 2 y 9 euros, dependiendo del país, para la mayoría de Asia y América Latina.

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Otras veces son una simple cama, en este caso 2 (foto de arriba), y nada más. Por suerte accedieron a darnos unas mantas porque en Xela (las tierras altas de Guatemala) por las noches hacía un frío del carajo. En la foto con Jonnathan, nos reencontramos un par de días antes después de habernos conocido hacía 2 meses en Costa Rica.

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He dormido en lugares que no tenían practicamente ni paredes y donde para hacer “sus necesidades” no había más que asomarse por la “no ventana” y soltar la mercancía al río.
La foto (arriba) es de la casa donde nos quedamos en una comunidad cercana a Iquitos, en pleno Amazonas peruano.

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Viajando he dormido innumerables veces en sitios tan básicos como un refugio de montaña, donde lo máximo que puedes encontrar es unas maderas donde tirarte a dormir dentro de tu saco. La foto de arriba es el refugio donde pasamos la última noche en la ascensión a Huayna Postosí en Bolivia, está a 5.500 metros de altura.
El refugio de abajo está más cerca y no tan alto pero justo al lado de la cima de la península: el Mulhacén (Granada).

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Algunos de esos lugares en los que he dormido en los viajes llegan a tener una extraña mezcla de precariedad y lujos. La foto de abajo es el “campamento gitano” que nos dejaron montar en mitad de un resort en El Nido (Filipinas). Dormíamos en tiendas de campaña, sin baño (¡el océano!), pero por las noches nos ponían mesas de madera, bancos, antorchas para iluminar y nos llevaban la cena a la “habitación“.

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Otras veces los lugares surgen improvisados, como en el Monasterio de Thamanyat en Myanmar (foto de abajo), donde nos invitaron a quedarnos con los monjes para pasar la noche. Uno es un tío preparado y me monté un hogar con la mosquitera, un aislante auto-inflable, la hamaca, la mochila y un armario 😀 .

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O la casa de Atallah en el desierto de Wadi-Rum (Jordania), unas alfombras y un pequeño colchón para dormir bajo uno de los cielos estrellados más bonitos que he visto en mi vida.

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En el el bar donde trabajaba Ya en Savannakhet no había ni ese pequeño colchón, solo las alfombras. Mi primera noche entre 3 laosianos… curiosamente también la última.

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En Filipinas el Tanduay es el que hace improvisar los “lugares” para dormir. De esta guisa me encontró Vane en El Nido una mañana y yo convencido de que alguien me debió de sacar de la tienda y llevarme a unos 400 metros del lugar donde debería haber dormido. ¿Ha colado? :/ .

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Los transportes se llegan a transformar en hogares ambulantes. He realizado viajes de más de 30 horas en autobús y casi nunca son buses como los del Open Bus de Vietnam (foto de arriba), los nocturnos son una pasada, parecen asientos de avión de primera. En Tailandia, Argentina, Chile o Perú también he visto está calidad en los transportes por tierra pero suele encarecer bastante el viaje, el Vietnam lo curioso es que era más barato viajar así que en transporte público normal.

El tren es el medio de transporte en el que es más fácil sentirse cómodo, no hay tantas normas absurdas como en los aviones, más espacio que en los buses y no conduces ni tienes que gastar energía. He dormido en todo tipo de trenes y en casi todas sus clases; en el infierno que es pasar una noche en un asiento duro en China, en las maravillosas literas de los trenes Tailandeses (foto de abajo), en asientos super cómodos de trenes europeos modernos y silenciosos o en los vagones de metro más apestosos de México DF (fue solo un momento que me quedé frito). Y sin duda me quedo con el tren como medio de transporte en el que dormir.

Relativo a medios de transportes he dormido en infinidad de aeropuertos y estaciones de todo tipo, normalmente suelo montarme algo como lo del Monasterio de Thamanyat pero en versión reducida para que los “seguratas” no me echen.

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Y luego está el hogar autónomo que siempre va conmigo: la hamaca. Es una de mis más fieles compañeras de viaje y he dormido sobre ella en más lugares de los que podría recordar. Ayuda a abaratar costes, en muchos lugares de América Latina tienen sitios para que pongas tu hamaca y cobrarte menos y en los que no lo tienen del resto del mundo siempre se lo puedes proponer.

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He puesto la hamaca en terrazas de gente, en mitad de ningún lado, en bares, en restaurantes, en playas de ensueño y de todos los ejemplos de lugares donde he dormido que aparecen en este post casi siempre es el que tiene las vistas más bonitas al despertar.

Y digo casi siempre porque está claro que hay días que te puedes despertar con vistas aún más bonitas y la hamaca no es del todo cómoda como para que una cosa no quite la otra. O viceversa.

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Pero que tampoco hay que elegir, mejor pensar que hay tiempo para todo… y que a todo se acostumbra uno. ¿No?.

Dejémoslo en que a lo bueno se acostumbra uno rápido 😉 .

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20 Comentarios a “Hoteles de trabajo y lugares donde duermo cuando viajo”

  1. Bitacoras.com Dice:

    Información Bitacoras.com

    Valora en Bitacoras.com: Se suele decir que “a todo se acostumbra uno” aunque al común de los mortales le pega más el “a lo bueno se acostumbra uno rápido“. El problema es que algunos no debemos ser simples mortales y lo bueno, a veces, lo…

  2. Txema León Dice:

    Qué post más grande diosmiodemiarma

  3. haritz Dice:

    Qué gran post Pak.

    Viajar por trabajo puede resultar un peñazo o no, depende. Hayas trabajado o te hayas pateado una ciudad para conocer todos sus recovecos, lo cierto que siempre se agradece un lugar agradable para descansar. Bueno, mientras se viaje, bienvenido sea el curro.

    Lo que pasa es que el concepto de cómodo y agradable depende de uno mismo, de las sensaciones, de la experiencia, de las vistas, y por supuesto, de la compañía. Como bien apuntas en la última foto. 😉

    A mí también me ha tocado viajar por trabajo, pero la verdad es que prefiero hacer un vivac en los Pirineos, con un cielo despejado lleno de estrellas junto con mis amigos. Aunque a la mañana siguiente me despierte con la espalda destrozada, y uno de esos amigos con los que he compartido noche me despierte demasiado pronto porque hay que recoger y ponerse a andar. Mientras no sea para currar…

    Hace demasiado tiempo que no lo hago, y aunque tengo muy mala memoria, recuerdo con mucha más frecuencia los lugares en los que he dormido durante mis viajes de placer (aunque fuera un pequeño camarote o una esterilla sobre piedras) que aquellos en los que he dormido por trabajo, por muy cómodos que fueran. Por algo será.

    Por cierto, por un momento el refugio del Mulhacén, que no conozco, me ha recordado al de Tucarroya, frente a Monte Perdido. Tampoco es de extrañar que se parezcan…

  4. haritz Dice:

    Joder, qué manía tengo de poner guiños al final de cada frase. Anda, quítame alguno please…

  5. pak Dice:

    Gracias Txema!, creo que eras el único que ya había oido hablar de él desde hace tiempo 😉

    Haritz te he dejao el guiño bueno, jajajaj. Me pasa lo mismo con las sonrisitas y esas cosas. Bueno, el post ha sido algo general, de lo que es viajar solo principalmente, pero claro, luego hay momentos, situaciones, lugares en que puede apetecer algo un poco mejor. Pero las historias, las situaciones que recuerdo y lo que se queda mi memoria son siempre, como bien dices, en los peores sitios, jejejeje.

    Y sobre el refugio… si, me comentó alguien allí que se parecía bastante, que yo no he estado en Tucarroya.

  6. haritz Dice:

    No sé si los refugios se parecen por fuera, y por dentro este parece más amplio. Pero por un momento (como digo tengo muy mala memoria) me ha recordado al de Tucarroya.

    Por cierto, has acertado, has dejado el único guiño que realmente merecía la pena.

  7. Maria Rosa Dice:

    Somos tan estúpidos que hasta a lo malo nos acostumbramos pronto, pero ¡Bendita estupidez! sobretodo cuando nos aportan experiencias inolvidables, ¿lo malo? es cuando nos acostumbramos rápido a estúpidos políticos. Bueno me voy a callar, que aquí hemos venido hablar de alojamientos, ¿no?.

    Pd: ¿Tienes algún problema con “l@s seguratas” simpátic@s como yo?… Jeje. 😉

  8. Críspula Sancres Dice:

    Pak, has bordado el final… Sí es verdad que las sensaciones que te ofrecen alojamientos más básicos pueden superar con creces a las que te aporta un 5 estrellas: por ejemplo: un tented campo en el Serengeti, duchándote con el sonido de las hienas de fondo y contemplando la sabana… Sólo por dasr un ejemplo…

  9. Pau Dice:

    Un post sobre hoteles muy diferente Pak ¡Genial!

  10. Isma Dice:

    Antes de leer el post venía en plan comentar “cada cosa tiene su momento”.

    Ahora estoy buscando hamacas. HAMACAS, Pak, ¡HAMACAS!

  11. Algoquerecordar Dice:

    Joder Pak! Eres un romàntico. Y yo que pensaba que los lobos solitarios erais casi hermafróditas! A ver si inventan ya el saco sàbana doble…
    Gran post!

  12. Eva - Una idea, un viaje Dice:

    Me encanta, la perspectiva con la que lo enfocas y las ideas. Es cierto que los hotelazos molan. Aunque yo soy más de ir de tirada rollo vuestro campamento gitano de Filipinas. De hecho en todos los viajes de este año sólo he dormido en hostel (y ya no digo ni hotel) una vez. Noruega fue de Couchsurfing, Islandia de camping libre y Grecia de dormir directamente en las playas. Y los recuerdos de las aventuras son simplemente fantásticos. Pero claro, uno siempre añora su ducha rica y otros “lujos”, aunque realmente no los cambio. Prefiero dormir en sitios más baratos e invertir el dinero que me ahorro en otros viajes que gastarme una pasta en… una simple cama! Porque a veces uno no sabe si paga el importe del colchón completo… Sin embargo, siempre me he preguntado si mi forma de ver las cosas cambiaría en caso de ser rica. Puede que sí, o puede que no. Desde luego, lo que tengo claro es que algo de lo que más disfruto viajando es la aventura… y eso, sólo se encuentra en sitios con otros aventureros 🙂

    Un gran placer leer este post

    Saludos!

  13. Ruben / Lugares que visitar Dice:

    Jaja. Vaya diferencias! Yo también voy cuando trabajo a hoteles que ni en sueños voy cuando lo tengo que pagar yo!

  14. Iván Dice:

    Gran post y reflexiones Pak. Compartimos mirada humanista con los alojamientos . También creo eso de no necesitar el lujo para ser felices viajando. En mi caso también se nota la soledad y frialdad que hay en hoteles cuando voy por trabajo que contrasta con el ambiente amigable y humano que encuentro cuando viajo con la mochila y me alojo en hostels dispersos por el mundo. Siempre he valorado mucho el ambiente de los hostels y guesthouses, me maravilla eso de llegar y poder encontrar personas con las que compartir momentos. Los hoteles siempre me han parecido simplemente un lugar donde dormir, un espacio frío y desangelado donde como decía Kapuscinski casi siempre me siento alejado de la gente de a pie. Un abrazo amigo

  15. Pedro Jareño Dice:

    O sea, el post es una pasada. Correcto. Pero la pregunta que nadie ha hecho aún (y mira que me parece raro) es… ¿Y quién es ella? ¿Y en qué lugar se… ehem… en…caprichó de ti? ¿A qué dedica el tiempo libre? 😛

  16. pak Dice:

    @Maria Rosa yo??, jajaja… bueno, cuando me echan de los lugares donde duermo un poco, jajaja. Si, mejor hablamos de alojamientos pero hablar de los estúpidos políticos tampoco está nunca de más 😉

    @Críspula buen ejemplo!

    @Pau gracias!! 😉

    @Isma jajajaja, las de decathlón son baratas y ocupan poco 😉

    @Algoquerecordar viva el sacosábana doble!!, jajajaja. Romántico yo??? :p

    @Eva muchas gracias!!!

    @Rubén ya te digo, es que con los precios que se gastan… uff.

    @Iván sabía que te gustaría, ya hemos hablado de esto unas cuantas veces y se que tenemos pensamientos parecidos. Me alegra que te guste como lo he plasmado 🙂

    @Pedro… mmmm.. estoooo… mmmm… una amiga :p (la foto es en los USA)

  17. Gustavo Dice:

    Muy bueno! Gran final; por cierto! 😉

  18. pak Dice:

    Gracias Gustavo!!! 😉

  19. Hoteles con miles de estrellas y restaurantes de altura | tokitan.tv Dice:

    […] en unos pocos, sobre todo en los Pirineos. Este gran post del viajero Pak Muñoz, titulado “Hoteles de trabajo y lugares donde duermo cuando viajo“, me ha animado a recopilar algunos de los sitios en los que hemos dormido mis amigos y yo en […]

  20. Eneko Dice:

    Hola, oye y una pregunta.

    ¿Cúal es tu trabajo?

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