IDC (Instructor Development Course) en Español

Antes del Examen

es el curso Padi para hacerse instructor de buceo, yo no he llegado a tanto (por ahora), solo soy un simple DiveMaster, pero quiero dedicar este post a una de las razones por las que pude estar casi un mes sin escribir, una de las razones de haberme enamorado del submarinismo un poco más, una de las razones por las que Malaspascua se convirtió en un lugar especial en mi vida… y esa razón es: el IDC que coincidió con mi estancia allí.

Pero debo empezar contando que yo llegué a , en , un país en el que uno de los 2 idiomas oficiales es el Inglés (el otro es Tagalo), dispuesto a perfeccionar mi dominio del primero, por usabilidad principalmente… y contaros también que cuando me preguntaron en el Centro de Buceo en que idioma quería las clases y el material para los cursos que venía a hacer (Rescue, el EFR y el DiveMaster) por supuesto respondí: “In English“, y que, además, tenía entendido que no era un país donde se prodigase el turismo Español.

Una vez allí la realidad distó bastante de la idea que yo tenía a priori. En Exotic (el centro en el que realicé mis cursos) estaba a punto de empezar un IDC impartido en por el equipo de The GoPro Family (Angel, Jo y Nico-Nico) a un grupo de 8 “personas“, por llamarles de alguna manera: Aitor, Carmen, Elena, Irati, Jose, Leti, Manuel, y Vanesa, con la ayuda de un IDC Staff de lo más profesional: Juanjo y Nico.

Total que al final el único inglés que practiqué fue con los habitantes de Malapascua, las clases con Jo o Mimmi (2 de mis instructoras), algunos dives que hice guiando en inglés y las conversaciones con una de mis compañeras en el DMT, Flour, de nacionalidad inglesa, porque con el resto del grupo, incluyendo a mi “buddy” y compañera de fatigas en estos meses (Cristina), el lenguaje en el que nos comunicábamos durante casi todo tiempo era el castellano… o bueno, algunas veces el “andalú“, pisha.

Celebrando el IDC

Tuve la suerte de poder asistir a una gran cantidad de “actos“, clases, skills y parte de la formación para ser instructor, para ejercer como alumno y que demostrasen sus habilidades conmigo o para grabar vídeos y fotos del curso, esto me permitió aprender muchísimo sobre el mundo subacuático, sobre la vida en el buceo (casi todos tenian una dilatada experiencia en este sector),  y sobre la vida en Asia.
Tuve la suerte de comprobar en persona como es un IDC impartido por The GoPro Family y me gustó bastante. Había escuchado que los 15 días de curso son un infierno de estrés y nervios para casi todo el mundo, pero en este caso Angel, Jo y Nico-Nico consiguieron un ritmo relajado que permitió a l@s aspirantes disfrutar y no solo sufrir. Hicieron fundives, estudiaron, practicaron y creo que se divirtieron bastante en uno de los pasos más importantes que tiene que dar todo aquél que pretenda ganarse la vida con el submarinismo (supongo que tarde o temprano me llegará el momento de dar ese paso).
Pero la mayor suerte la tuve en poder disfrutar “de ell@s” durante esos meses. Un grupo increíble en conjunto y por separado, en el que cada un@ de ell@s vale su peso en oro. Dos meses después de “separarnos” seguimos en continuo contacto, y entrecomillo separarnos porque la mayoría nos hemos seguido viendo en el camino.
En Malapascua surgieron verdaderas amistades y momentos que quedarán para siempre en mi memoria, gracias a ell@s y muchos otros españoles o hispanohablantes que pasaron por allí e hicieron de esos meses los mejores de este viaje. Seguramente me olvide de algunos, y lo siento, pero no puedo dejar de citar a: Rubi (que allí sigue con su proyecto Buceomalapascua), Roger (que vuelve a Filipinas para trabajar en su increíble vida a bordo: Ona Experience), Jules, Miki, Montse, Antonio, Paula, Bea y Gemma, Carlos, Cesar… y esto sin contar a todos aquellos con los que me comuniqué en Inglés, Visaya o por gestos.

Lo dicho, gracias a todos… y gracias al equipo de The GoPro Family por juntarnos en Malapascua. Gente, fue un verdadero placer.

(*) The GoPro Family siguen dando IDCs en castellano, inglés y francés, pero ya no andan por Asia, ahora están en el continente americano, en México, trabajando en el Pro Dive Mexico Scuba Academy (Playa del Carmen)… si te interesa dar el paso al grado más pro del submarinismo no lo dudes y ponte en contacto con ellos a través de su web. Y no olvides decirles que vas de mi parte si quieres un suculento descuento en el curso.

Ticabus, transporte internacional cetroamericano

Ya me había informado sobre sus rutas y precios. Ticabus es la forma más segura y cómoda de moverse en América Central, yo no lo usé en el recorrido de a porque me gusta cruzar las fronteras por mi cuenta, ver esos sórdidos y curiosos trozos de tierra de nadie, mezclarme entre la gente y vivirlo con sus consecuencias, en aventuras y timos. Es común el uso de calculadoras trucadas, de tipos de cambio inventados, que te convenzan para montar en un que va a otra parte, o incluso los billetes falsos. Lo mejor es tener bien claro el tipo de cambio y llevar algo encima de la moneda del país al que entras (cambiar antes de salir del anterior), o esperar a un lugar de confianza para hacerlo en el nuevo país (casas de cambio).
Llevar dolares en lugar de euros ayuda a facilitar los cambios, incluso muchas veces te permiten pagar con ellos.

Pero a la bajada desde México llevaba más prisa y desde () decidí ir del “tirón” a San Salvador. La forma más fácil fue Ticabus, eso si, sale desde Ciudad Guatemala. El trayecto de donde deja el bus de Antigua hasta la parada del Ticabus lo hice andando, de día durante la mañana, es un paseo “interesante“, pero poco recomendable ir andando por Ciudad Guatemala con mochila a la espalda y pocas pintas de chapín.

La información de los precios y rutas está en la web: Ticabus

En San Salvador pasé una semana y pico, ayudando a “Calamandraca” en su campaña por el cambio, llegaban las elecciones y el país necesitaba salir de los 25 años de “semidemocracia” liderada por Arena. Al final parece que el trabajo tuvo sus frutos y el 15 de Marzo de 2009 el FMLN logró ganar las elecciones y arrebatar el poder a la derecha más rancia.

Y de allí a Costa Rica, también con Ticabus, el trayecto de San Salvador a San José, 19 horas de viaje, para volver a ver a Jonnathan, Laura y Miguel, mereció la pena.

Los viajes con estos autobuses incluyen comidas, servicio de abordo, baño, y todo aquello que no tienen el resto de transportes en los que yo monté en la región. Es más caro pero para hacer largas distancias es una de las mejores opciones.

La parte en San Salvador la conté hace ya y ahora seguiré desde Costa Rica, pero antes creo que se van a colar unos cuantos post con la razón por la que llevo una semana sin escribir, un viaje de 5 días a Copenhague. Estad atentos 😉 .

Playa del Carmen (México) – Antigua (Guatemala), 34 horas de aventura.

– “¡Treinta y cuatro horas!“-. Se dice pronto. Esas fueron las horas que me salieron al hacer los cálculos para el trayecto de Playa del Carmen () hasta (), y esto encajando los buses. Primero uno de Playa a San Cristóbal, de ahí a , luego cruzar la y por último ver como se podía llegar de (lado Guate de la frontera) hasta Antigua. Con sus buenos margenes para cubrirme, claro.

El bus de Playa a San Cristóbal fueron unas 18-19 horas, y de allí 4 hasta la frontera. Llegué de noche, y fue ahí donde comenzó la aventura. Había salido de Playa el día anterior a las 9 de la noche y 23 horas más tarde, a eso de las  20:00 del día siguiente empezaba los trámites fronterizos.

– ¿Hasta donde va señor?-, me preguntó el guardia fronterizo
– Antigua… si es que sale algo a estas horas-, contesté.
– Entonces casi mejor que no salga, Guatemala no es como México y viajar en la noche es bastante… inseguro.
– ¿Inseguro o peligroso?
– Peligroso más bien, yo le recomiendo que busque hospedaje en La Mesilla, hay camas baratas.

Acabamos la burocracia y salí hacia La Mesilla, el tramo fronterizo, esa zona en ninguna parte que ya me pareció sórdida cuando la crucé durante el día, imaginad como podía ser en la noche.
Puestos de venta de todo, ropas, cacharros, tabaco, y masas de gente buscando la ganga, o el descuido, o lo que busquen. El panorama en La Mesilla no pintaba mucho mejor, andando por la calle no paraba de acercarse gente… “¿hostal señor?“, “¿autobús?“, “¿unos tacos papito?“… “ssshh, si busca las más lindas chapinas sígame“…

Menuda locura, debí preguntar a 5 personas por el autobús hacia Antigua y cada una me dijo algo distinto.
Al final, casi a la salida del pueblo encontré la “estación“. Pedí un boleto para Antigua y no había directos, solo a Ciudad Guatemala, y no me apetecía demasiado entrar de noche. El conductor me dijo que podía dejarme en el cruce que va a Antigua (San Lucas, me dice María Dolores en los comentarios 😉 ) y esperar que pasase algo para allá. Me pareció bien.
Al ir a comprar los boletos el conductor y la vendedora me animaron a pensármelo un poco mejor. Yo insistí en que no me preocupaba y entonces me dijeron “lo abundantes que eran los asaltos en las líneas nocturnas“.

– Ah-, dije -¿y el resto de gente que ya ha comprado los boletos lo sabe?, ¿les habéis avisado también?
– Lo saben, pero no les preocupa, no tienen nada.
– Entonces perfecto, porque yo tampoco.

Esta conversación se repitió con 2 mamitas en la parada, otro señor justo antes de subir al bus, mi compañero de asiento y los de al lado. Parecían más preocupados por mi que por ellos. Es de agradecer pero personalmente prefiero que no me tengan todo el rato “acojonado” :p .

Al poco de salir recordé al conductor que me bajaba en “el cruce” (San Lucas), volví a mi asiento, me dormí y de pronto un frenazo brusco me despertó. No era consciente del cansancio que llevaba en el cuerpo, habían pasado las 8 horas hasta el cruce y no me había ni enterado.
Aún no tenía claro donde estaba hasta que la gente empezó a decir, “el gringo“, “el gringo“, ahí ví  que habían parado por mi. Bajé con el conductor, saqué la mochila del guardamaletas del bus y cuando levanté la cabeza estaba en medio de ninguna parte parado en algún punto de una autopista.

– Perdón, se me pasó, ¿ve aquellas luces?, es una gasolinera, allí puede agarrar algo a Antigua.-, me dijo el conductor mientras se subía de nuevo al autobús… disculpe…

Y poco a poco desapareció de mi vista el autobús, y yo con cara de tonto y solo rogando que aquellas luces fueran la gasolinera que el conductor decía.
Empecé a caminar y pronto vi que no me había mentido, llegué a la gasolinera y aún estaba cerrada la cafetería pero había un chico en una ventanilla. Estaba leyendo cuando le pregunté:

– Buenas, ¿puedo agarrar aquí un autobús a Antigua?.

Entonces levantó la cabeza, en cuanto me vio los ojos se le pusieron como platos y un poco nervioso me dijo, -“¿De donde viene?, ¿como ha llegado?“-, y salió corriendo para abrirme la puerta de la gasolinera.
Le conté por encima y me dijo que para Antigua salían del otro lado, en la gasolinera de enfrente, y que podía esperar que se hiciese de día allí con él.
Era solo cruzar, y a las 5 y algo de la mañana no pasaban muchos coches, le di las gracias y me dirigí al otro lado.
Al llegar se repitió la escena con el dependiente, al parecer había que ir a una plataforma un poco más adelante, y me dijo que así “gringo” y con “maleta” (mi mochila), que mejor esperase con él a que se hiciese de día.
Tomé un café y un dulce, no habían pasado ni 10 minutos y estaba aburrido y cansado, él no podía charlar conmigo, tenia cosas que hacer, y yo si me quedaba parado me dormía. Le dije que me iba para la plataforma esa (un puente que cruza la autopista) pero no me dejó.
Me dijo que me pusiese al borde de la carretera y parase los que viese a Antigua, pero dentro de la zona de luces de la gasolinera. “Señor, si, señor!“.
Pero claro, hasta que no estaban encima mía no veía los carteles y no me paraba ni uno. Demasiado sospechoso estando la parada a menos de 100 metros.
Al rato, intenté un plan B, pedir “raid” () a la gente que estaba repostando. Un fracaso, primero porque coincidió que nadie iba para Antigua, y segundo, porque todo el mundo me regañaba y corrían a llamar al dependiente… “mira el gringo loco ahí pidiendo raid“, llegué a escuchar un vez.
Era el amanecer más ansiado que nunca hubiese vivido. Deseaba llegar a Antigua como fuese y de pronto vi un chico andando con una mochila, medio dormido. Tenia aspecto de ir a trabajar, caminaba en dirección al puente. Entonces le paré y le dije:

– Perdona, ¿vás al puente?
– Si -, me dijo con cara de sorpresa.
– ¿Te importa que vaya contigo?- le dije-, es que el dependiente de la gasolinera no me deja ir sólo.
– Usté verá señor-, susurró sonriendo aunque sin mucha confianza.

Y empecé a caminar a su lado. Santiago, me dijo que se llamaba. Trabajaba en Guatemala y todos los días se levantaba a las 4 y pico de la mañana para llegar a tiempo al trabajo. Eran unas 2 horas de camino… y otras 2 de vuelta.

De pronto llegamos al lugar (San Lucas). Era un simple cruce bajo un pequeño puente peatonal, sin ninguna luz, solo un par de bancos de piedra y unas 20 personas suficientemente separadas unas de otras como para no tener que interactuar.
Santiago me dijo adiós y se apartó. Se quedó allí parado como el resto, sin hablar con nadie, mirando al suelo y esperando que llegase su autobús. ¿Sueño?, ¿pocas ganas de hablar?… ¿miedo?. No lo llegué a saber, al momento llegó su dirección a Ciudad Guatemala.

Y allí me quedé yo, cada vez que pasaba un “chiken bus” y yo preguntaba –“Disculpa, ¿este va para Antigua?”-, la respuesta era la misma… risas y un: -“¿Pero que chingada hace el gringo este aquí?“-, que soltaban tan a la ligera que me hicieron dudar si pensaban que no les entendía.

Al final uno de ellos me dijo que si, lo agarré y antes de las 7 am estaba entrando en Antigua. Busqué alojamiento y me fui a desayunar por segunda vez, se me había pasado el sueño.
Paseé por la ciudad con las primeras luces disfrutando de su belleza y esperé que fuese una hora decente para llamar a Manuel, le conocí a él y a su Casa del Mango cuando estuve allí unos meses antes, no tardó ni 2 frases en invitarme a tomar un té en su casa, para, al momento, preguntarme en tono inquisitorio:

– ¿Y como estás despierto tan temprano?, ¿cuando has llegado?.
– Hace un par de horas…
– ¿Desde?
– Playa del Carmen… bueno, desde La Mesilla, pero vamos, que vengo desde Playa.
– Eso es México… ¿la Riviera?, ¿La Mesilla?, ¿has viajado de noche?…
– Estooo… bueno… yo…
– Anda, vente a tomar el té, pero ten por seguro que si yo no lo hubiese hecho mil veces te regañaría pero bien… como habrá hecho todo el mundo que te haya visto.- y se rió.
– Llego en 2 minutos, ¡chau!- respondí riendome yo también.

México DF – Mérida en autobús y el Yucatán de “autostop”

Era el segundo intento, el primero se perdió entre despedidas. Ya tenía claro que no iba a ser fácil, al comprar el “boleto” me avisaron de que el trayecto eran entre 22 y 25 horas, ahora dudo si fue un aviso o una amenaza.
Un día de mi vida encerrado en un autobús para llegar a Mérida… y que no haya ni ruinas, ni romanos… será porque esta no fue la Mérita Augusta capital de Lusitania, sino otra Mérida, fundada unos de 1.500 años después por Francisco Montejo sobre la ciudad maya de Thó.

Las “veintipico” horas se hicieron soportables, entre películas malas, libros y largas cabezadas conseguí llegar a Mérida. De toda la gente que pasó por el autobús solo había otro chaval que parecía europeo y no fue hasta que llegamos al final que empezamos a hablar.
Eugenio, italiano, delgado, pelo largo y barba frondosa, la pequeña mochila que portaba no dejaba intuir que llevaba casi un año viajando desde el sur del continente. Iba camino de Cancún, desde donde volaría de regreso a Italia.

Nos juntamos para compartir hostal y dimos una vuelta por Mérida de la que no recuerdo mucho, creo que las  “veintipico” horas hicieron estragos y después de una merienda/cena apetecía dormir un rato en una cama de verdad.

A la mañana siguiente nos levantamos temprano y nos pusimos en marcha. Mérida es buen lugar para viajes de un día desde allí, a cenotes, ruinas mayas... pero viendo los precios que se manejaban en la “Riviera Maya” pensamos que lo mejor era ver Chichén Itzá y tirar para la playa, que tumbados a la sombra se gasta poco.
Y para abaratar costes decidimos recorrer la península del Yucatán haciendo ““.

Chichen Itza

Autostop“, una curiosa palabra que a saber de donde ha salido. No es en inglés, lo descubrí en Australia, se dice “hitchhiking“, en es “ir de raid“, y para pedirlo dices: “Que onda carnalito, ¿nos das un raid a Piste?“, jeje, eso en nuestro caso, que buscábamos llegar a la ciudad donde hacer base para visitar Chichén Itzá.
No tardamos demasiado, enfocamos la carretera que salía hacia allá y enseguida nos paró un funcionario local que iba cerca por motivos de trabajo. El viaje fue interesante, nos contó bastantes curiosidades sobre la zona y su historia, provenía de una familia maya, como el 60% de la población de la península.

Para visitar Chichén Itzá nos alojamos en Piste, un pequeño pueblo a unos 2.5 km de las ruinas. Al poco de llegar nos fuimos con la intención de ir caminando y ver el espectáculo nocturno de luces y sonido que hacen cada día, va incluido al comprar la entrada para el día siguiente.

Luces

El espectáculo un poco-bastante aburrido, no merece la pena el desplazamiento aunque en nuestro caso, tanto a la ida como a la vuelta, fuimos de “raid” (usaré en adelante el término mexicano).
La noche en el pueblecito pasamos el rato y a la mañana siguiente madrugón para visitar las ruinas, otro “raid” y a primera hora estábamos corroborando la impresión que nació la noche anterior: seguro que no es para tanto.
Y no lo es. Los 10 € de entrada son excesivos comparados con los 5 de Tikal, sobre todo porque Tikal es infinitamente más espectacular, más intenso, más auténtico y desde mi punto de vista, mucho más bonito.

Chichen Itza

Pero claro, como en 2007 la nombraron como una de las Nuevas Maravillas del Mundo ahora parece que no hay más ruinas mayas.
Creo que tienen excesiva popularidad por estar enclavadas en la zona más turística de mesoamérica, pero no porque lo valgan.

Chichen Itza

¿Se nota que no me gustaron mucho?.

Chichen Itza

Y tras visitar las ruinas salios hacia Tulúm. El primer raid nos llevó al pueblo siguiente y luego enganchamos otro hasta Valladolid, nos llevó a la salida de la ciudad y nos dejó en la carretera que va a Tulúm, no tardamos demasiado en encontrar alguien que nos llevase.
Me resultó curioso que todas las veces, menos una :p , los que nos recogieron eran locales, y eso que no paran de pasar coches alquilados por turistas.
Y lo mejor, desde mi punto de vista, cuando paraba una “troca“, o “jeepeta“, que tenia caja y nos subiamos ahí sin tener que dar coba al conductor, jejeje. Nos turnabamos para ir delante uno cada vez y así no tener que hablar siempre el mismo. Lo podemos llamar trucos de “autostopista” (no se cúal es el término mexicano).

Tulúm, lo que unos años antes, según Eugenio, fue un pequeño pueblito de pescadores, se había asfaltado, urbanizado, había crecido bastante y nos tuvimos que quedar a tomar… estooo,  bastante lejos de la playa para poder dormir y comer barato.
Los trayectos a la playa, como no, de “raid” y las ruinas las vimos solo de lejos.

Pasamos unos días y continuamos el camino, Playa del Carmen, la meta era Cancún, pero yo empezaba a aburrirme. Demasiado turisteo para mi, además, no parar de escuchar que todo lo verdaderamente maya es de aquella “Riviera” me terminaba cansando, sobre todo habiendo estado antes en … eso es Maya, y no las escenificaciones para turistas del Yucatán y Quintana Roo.

Y en Playa del Carmen nos quedamos en el Urban Hostel, por aquel entonces era el hostal más barato del lugar y, seguramente, el más acogedor. Lo mejor Leo, el dueño, nos hizo pasar unos días divertidos.
No hicimos demasiado, buscar una playa que no fuese “cool“, nos dijeron que era la cuarta o así pero no llegamos a encontrarla, y pasear observando al personal.

Un día me llamaron desde el para ver si podía ir a ayudarles con una acción para las elecciones y decidí aprovechar para huir de aquello, abandonar a Eugenio, desearle suerte en su vuelta a Italia y empezar un viaje de 34 horas seguidas para llegar a Guatemala.

Chichen Itza

Poniéndome a prueba a mi mismo. México me había gustado demasiado como para estropear su recuerdo.
Pero no salí de “raid” esta vez, el camino a Antigua lo pagué, tenia más prisa y era muy larga la distancia.

En la foto, Eugenio probando suerte. Me alegro de haber recorrido la zona de esta forma, fue la aventura necesaria para darle vidilla a este tramo del viaje.

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Bosque del Chapultepec, el retiro del DF (México)

Bosque de Chapultepec

Chapultepec en náhuatl significa Cerro del Chapulín, unos pequeños saltamontes que en utilizan como condimento culinario. No me fijé si había chapulines por allí, pero tampoco sabía lo que significaba el nombre hasta que me lo explicó ayer Iván.

Fuí un domingo cualquiera de primeros de 2009, me levanté temprano, la noche anterior habiamos estado tomando unos tragos por la colonia Condesa pero como nos portamos bien no hubo que lamentar ningún duro despertar.
Baje a comer unos tacos paseando cerca de Reforma y llamé a Hanna para visitar el Bosque de Chapultepeq, lo tenia al lado de “casa” y no había pasado aún.
Poco despues de comer estábamos caminando por su interior.
Es el parque más grande de la ciudad y en su interior, en lo alto del Cerro del Chapulín está el Castillo de Chapultepec, usado como escuela militar (con sus niños heroes y sus distintas versiones de la historia) e incluso como residencia presidencial.
Fue allí donde me enteré que en este castillo tuvo lugar la firma de los Acuerdos de Paz que pusieron fin a la guerra en , tambien un Enero pero de 17 años antes.

Además del castillo hay una infinidad de cosas que ver o hacer en el parque, desde pasear, ver los museos o navegar por el estanque en sus barcas hasta disfrutar con la danza de los Voladores de Papantla. Los domingos Chapultepeq se llena, entre familias, turistas, curiosos, vendedores y artesanos a mi me faltaban unos mimos para hacerme sentir en El Retiro de Madrid.

Volando en el bosque de Chapultepec

La diferencia principal con El Retiro, además del acento de la mayoría de la gente y los puestos de tacos, eran las vistas del skyline de la ciudad desde el cerro del castillo. Por lo demás…, la verdad es que tampoco se parecia en nada… bueno, en que es un parque y que los domingos los parques se llenan, pero eso en Madrid o en Guangzhou, en Hanoi, Sydney o México, creo que la tendencia del ser humano urbano es a salir los domingos a los parques.
Aviso: “Aunque lo parezca, esta No es una teoría contrastada científicamente” :p .

Bosque de Chapultepec

Y de entre los museos visitamos el Museo Nacional de Antropología de México, uno de los que más ganas tenía de ver para conocer un poco más de la historia de ese país, la de antes de que un grupo de salvajes y analfabetos destruyeran las culturas milenarias que allí habitaban, la historia del México prehispánico.

Agua

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Mi compañera de viaje/guia en el , Hanna, entre alguna creación azteca de las que pueblan el museo.

Hanna no solo me enseñó el México cultural, unos días antes estuvimos en uno de los méxicos más auténticos que conocí. Tomando pulque en una pulquería cerca de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México). Los suelos llenos de serrín para escupir el pulque, los vasos enormes y la salsa sonando a todo volumen, un antro en toda regla con el baño sin puertas y casi ni paredes.
El Pulque, según la wikipedia es
:  “una bebida alcohólica que se fabrica a partir de la fermentación del jugo o aguamiel del agave o maguey, especialmente el maguey pulquero (Agave salmiana)

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Y, siguiendo con el museo, tenia muchas ganas de ver en directo la Piedra del Sol, no el calendario azteca, como muchas veces se le llama.
Sus inscripciones hablan de cosmología y cultos solares. La encontraron en el en el Templo Mayor de Tenochtitlan, la capital del estado mexica, la ciudad con una fundación mezcla de realidad y leyenda que llego a dominar casi toda Mesoamérica durante casi 200 años.

Y con este post termino el periplo por el DF, fueron semanas (2 y pico) en las que me sentí muy agusto. Encontré y reencontré muy buenos amigos. A Santiago volví a verle 8 meses después de vivir con él la aventura de la playa de Camboya, hablando por Gtalk resultó que estaba por el DF a la vez… y a un par de calles de donde yo me alojaba. Con él y sus colegas fui a ver un “domingo familiar” de lucha libre en el Arena México, no podía faltar. Un espectáculo digno de ver, yo no paré de gritar a favor de los técnicos aunque… molan más los rudos.

A destacar también conocer en persona a Lae tras años de leernos en Domestika, y descubrir como es la vida de una diseñadora/fotógrafa francesa en el DF.  Fue un placer 😉 .

Y bueno, que decir de Isaac, Hanna, Julia y mi hoster, Don Jesús, culpable de que perdiese mi billete México-Merida tras la jornada de despedidas que me dió, primero al estilo español con un Rioja y luego al estilo mexícano entre tequilas… y claro, yo, si no quieren que me vaya… pues no me voy.
Nunca me han gustado las despedidas, pero es porque las alargo demasiado.

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