Visitando a los himbas al norte de Namibia (Epupa Falls)

Dando el pecho al niño

En antropología hay diversas corrientes a la hora de teorizar sobre la interactuación con tribus y culturas aisladas. Algunos expertos opinan que la mejor forma de no interferir en su comportamiento es, directamente, no teniendo ningún contacto (es imposible que vayamos y no se vean afectados); otros piensan que la política de “no contacto” es una solución simplista y soñadora, es mejor un contacto programado y bien planeado antes de que tenga lugar uno de forma accidental y pueda resultar desastroso. Esta última corriente plantea que el punto de vista “occidentalizado” de los partidarios del “no contacto” es, en realidad, una moralina paternalista: somos moralmente superiores porque aceptamos que nuestra forma de vida puede no ser buena para ellos.

Esto provoca en el viajero una contradicción continua a la hora de enfrentarnos a este tipo de situaciones. Al menos en mi caso. ¿Hasta que punto somos responsables de tener la suerte de visitar algo puro y que no vuelva a ser así nunca más?; buscamos llegar a lugares no contaminados por el turismo para luego, ¿contaminarlos nosotros?; ¿es posible caminar sin dejar huella?. Supongo que cualquier viajero ha querido encontrarse en uno de esos sitios aún vírgenes para poder sentirse como aquellos exploradores que “descubrieron” al mundo lugares que los ojos de ningún occidental habían visto antes. ¿Quién no ha soñado nunca con emular las aventuras y los viajes de Livingstone, Shackleton, Lévy-Strauss?… ¿Marco Polo?.

Chica himba

Con esto no quiero decir que la visita a las tribus himba llegue a ser una experiencia para nada cercana a visitar un lugar inexplorado, por supuesto han visto antes “al hombre blanco”, hay pocos lugares donde ya no llegue el turismo, pero si puede que sea una de las culturas menos tocadas que he tenido la suerte de conocer, y por tanto, una de las más atractivas. Lo que de verdad me planteaba un relativo problema moral es que cada vez que visité sus poblados fue como guía de viaje con grupos de entre 10 y 16 personas y esto hacía que la disyuntiva entre la pureza y la contaminación de la misma no parara de atormentarme.

Poco a poco me di cuenta de que no era tan extremo, no eran lugares totalmente aislados (apartados de la mano de dios). Sí se da el caso de poder conocer unas costumbres y tradiciones con cientos de años de antigüedad, pero también ellos se han adaptado al progreso a su manera, han adaptado sus artesanías (pulseras de pvc, adornos de tuercas y juntas tóricas…), han adaptado relativamente su día a día para poder recibir visitas y algo de dinero del turista. De todas formas los himba son un pueblo tan orgulloso de si mismo que no tienen intención alguna de permitir que este progreso les haga perder un ápice de su identidad. Normalmente las tribus que he conocido son más tirando a tímidas con los occidentales, parece que se sientan juzgados e, incluso, en determinados momentos, se puede notar una suerte de complejo cuando se comparan con nosotros. Las himba son todo lo contrario: altivas, confiadas, pasotas, son conscientes de lo interesante de sus raíces y se muestran orgullosas de ellas. Eso no quita que la mejor forma de realizar estos encuentros se base en el respeto y en unas normas básicas de conducta para que la interferencia sea mínima o, al menos, no demasiado destructiva.

Niño himba con la madre

Pelo, niño y pollo

Entre esas normas está la de buscar un guía local, un intérprete que ayude en la comunicación, que pida permiso para la visita y aconseje sobre la mejor forma de realizarla. Yo tuve la suerte de conocer a Anitha, una de las primeras guías himba mujer, y creo que la experiencia es mucho más interesante ya que cuando llegas a los poblados lo que vas a encontrar es sobre todo mujeres, los hombres se encuentran pastoreando y las que se encargan de que todo funcione en la comundidad, de cuidar de los niños, de construir las casas y de buscar agua, son ellas. Por eso cuando hablo de esta tribu suelo hacerlo en femenino.

Hay muchos puntos en donde poder visitar poblados himba, lo mejor es en la zona noroeste, y aunque los alrededores de Opuwo sean más accesibles al viajero aconsejo seguir hasta la frontera con Angola y llegar a Epupa, cerca de 3 horas por pista de tierra en dirección norte desde Opuwo. Hay algunos lodges para poder alojarse y acampar y es el emplazamiento de las Epupa Falls, unas preciosas cataratas que forma el río Kunene, un río que hace de frontera natural entre Namibia y Angola. Al estar un poco más alejado de las rutas típicas tiene una menor afluencia de turistas y unos paisajes preciosos y menos polvorientos que los de Opuwo, gracias, por supuesto, al río Kunene.

Adornos himba

Adornos himba

Mirando al infinito

Si te decides por ir a Epupa puedes contactar con Anitha de mi parte, tal vez aún se acuerde de mi y todavía lleve el colgante de cuero trenzado en Huelva con una piedra de Irán que le regalé por su cumpleaños. Y no creo que haya conocido muchos otros Pak.

Su mail: 1987chambilu@gmail.com
Y su teléfono: +264 813523076

Puedes empezar por aprender unas cuantas palabras y frases básicas para llegar con ellas memorizadas y dejarles impresionadas con tu nivel de lengua himba (Otijihimba):

Moro —> Hola
¿Peribí? —> ¿Como estás?
Nawa / peri nawa —> Bien
Okujepa —> Gracias
Karenawa —> Adios
Wami Pak —> Me llamo Pak (recuerda que seguramente tú no te llames Pak).
¿Obe unde? —> ¿Y tú?
¿Ena roje oove ufie? —> ¿Como te llamas ?
Obe omua —> Eres guapa
¿Nxoitu keri kohe? —> ¿Me puedo duchar contigo?… vale, esta es culpa de Pau que siempre lo intenta ( :p ), aunque tampoco te servirá de mucho si se lo preguntas a una mujer ya que en la cultura himba no vuelven a ducharse/bañarse una vez tienen su primera menstruación. Algo que tiene que ver con la escasez de agua en las zonas desérticas en las que viven, pero que pierde sentido cuando descubres que los hombres si pueden hacerlo.
Esta falta de agua y la imposibilidad de bañarse hace que el ocre, esa pasta rojiza que crean mezclando grasa animal y el polvo que sale al machacar una piedra de hematites que contiene mineral de hierro, sea aun más importante de lo que parece a simple vista. Lo usan como perfume y gracias a su olor es muy difícil que notes que no se han bañado desde muy jóvenes, lo usan como repelente, como maquillaje y es una protección hidratante muy eficaz contra las radiaciones solares. Es la pasta con la que forman sus trenzas, unas especie de rastas que deshacen periódicamente y que tardan unos 2 días en volver a realizar.
A pesar de no lavarse con agua se impregnan con un humo de cortezas olorosas y hacen una especie de vahos con agua hervida y aromas. Hace un tiempo que ha comenzado un programa del gobierno que intenta inculcarles el uso de agua para lavarse las manos ya que ellos usaban ceniza, y aunque es relativamente aséptica no limpia igual y es más fácil contraer infecciones causadas por bacterias.

Ocre

Pensando

Baile himba

Mujeres himba

Como estaba contando, para la visita, una vez llegas al poblado lo mejor es presentarse y conocer a los habitantes del mismo usando las frases que ya conoces y la ayuda de Anitha o el guía que te acompañe. Aconsejo bajar del coche sin cámara de fotos, pedir permiso para la visita y una vez hayas interactuado con ellas puedes volver a por la cámara, así no serás un desconocido tapado por una máquina que capta imágenes.
Anitha te explicará muchos datos sobre su cultura y sus tradiciones, pero seguramente ya sepas que son pueblos seminómadas que se basan en una economía de subsistencia. Que su población se acerca a las 50.000 personas repartidas entre el norte de Namibia (Kaokoland) y el sur de Angola principalmente. Que su vida gira en torno al ganado y de las vacas sacan casi todo lo que necesitan para vivir: la leche, la manteca, las pieles y el excremento con el que cubren sus chozas. Como ya he comentado la construcción de estas chozas a base de ramas de árboles y estiércol de vaca es labor de la mujer, así como ordeñar las vacas.

El ganado tiene tanta importancia que la parte final de sus trenzas acaba en un mechón de pelo (normalmente masculino) con el que simulan la cola de las vacas y sus tocados representan las orejas del que es su principal sustento.
Verás que la base de su alimentación es el pap, unas gachas de pasta de harina de maíz y que los poblados los construyen dentro de una barrera de matorrales que les protege de los animales salvajes. Que en todos estos asentamientos hay un fuego sagrado (okuruwo) que se mantiene constantemente encendido para honrar a los ancestros. Profesan una religión animista con bastante superstición y la línea imaginaria entre el fuego sagrado y la choza del jefe del poblado no se puede cruzar. Para no equivocarte lo mejor es saber que la única choza cuya puerta encara el fuego es la del jefe de la tribu mientras que el resto encaran otro lugar.

Mujeres himba

Dando el pecho

Peinándose

Las himba no pintan ni moldean esculturas, su único arte plástico es el que crean en sus cuerpos a base de adornos. El más valioso es el ohumba, una concha de mar que consiguen por el intercambio con las tribus del Damaraland. Caminan descalzas aunque algunas usan unas sandalias realizadas con piel de vaca curtida (cuero).

Una de las mayores curiosidades que tienen para mi, y no son pocas, es que cuando cumplen 12 años se les extraen los 4 dientes incisivos inferiores. No he conseguido saber la razón real, ellas dicen que para poder pronunciar su lenguaje, incluso hablan de estética, se gustan más así, pero he leído que se puede basar en que para los esclavistas portugueses la forma de evaluar a los esclavos negros antes de ser enviados a los barcos para Brasil era por la dentadura, como se hace con los caballos, y al arrancarse estos dientes disuadían la atracción de los esclavistas hacia ellos. Otra teoría es que hubo un tipo de epilepsia de origen hereditario que se propagó ante la cercanía sanguínea en las relaciones sexuales y durante los ataques epilépticos era la única manera de administrar suero para rehidratar al enfermo. A día de hoy se sigue practicando y sorprende ver que siguen manteniendo esta dolorosa tradición.

Al final de la visita suelen colocar unos parches con artesanías. Como te permiten ver el poblado sin pagar por ello (simplemente hay que llevar algo de comida como un saco de harina de maíz para el pap, sal, pasta de tomate y algo de vaselina para hidratar las mucosas por la sequedad del desierto; habla con tu guía para ello) la mejor forma de ayudarles de alguna otra forma es pagar por un trabajo y no ofrecer limosna. La compra de artesanías es la única manera de que no acaben poniendo la mano para que los turistas limpien sus conciencias con ellos en forma de billetes.

Arreglando las trenzas con ocre

Arreglando las trenzas con ocre

Arreglando las trenzas con ocre

Arreglando las trenzas con ocre

Otros consejos que puedo ofrecer es preguntar a Anitha cuales son las aldeas que han sido visitadas últimamente y pedir que no te lleve a ellas, así la comida y las compras que hagas se van repartiendo por la zona en vez de acabar siempre en los mismos poblados.

Cada vez que tengas la posibilidad de hablar con ellas, Anitha mediante, preguntarás un millón de curiosidades y la conversación suele terminar con un: “¿tenéis alguna otra pregunta?”, por parte de Anitha. Ahí es cuando en vez de decir un “NO” y darse la vuelta llega el momento de decir: “No, pero, ¿tienen ellas alguna?”, y así poder conocer como es el hombre blanco en su imaginario. Esto llega a dar lugar a situaciones surrealistas como cuando la mujer del jefe de la tribu y matrona del poblado preguntó a una pareja de clientes míos como eran los partos en nuestros países. Cuando le dijeron que una vez se rompen aguas o notas que puedes estar de parto se va al hospital sus ojos se abrieron como platos y dijo que entonces tendían que morir un montón de niños por el camino… claro, hay que tener en cuenta que para ellas el hospital más cercano está a más de 4 horas por pistas de arena y no tienen coches. Les recomendó buscar una comadrona que fuese a su casa para ayudarles y ante la imposibilidad de hacerla entender que en España siempre tienes un hospital cerca terminó diciendo de todo corazón: “Mirad, cuando tengáis un hijo yo puedo ir a ayudaros, seguro que va a tener muchas más posibilidades de sobrevivir”. Y estaba convencida de ello.

Pasando el rato

Poblado tradicional himba

Poblado tradicional himba

Niña himba

Pueblo himba

Niños himba

Himbas

Unos últimos consejos basados en mi experiencia:

NUNCA entregues dinero aunque te pidan. No suelen hacerlo porque nunca antes les han dado. En el momento en el que alguien lo haga tal vez todo cambie.

No se dan caramelos a los niños si no les vas a pagar el dentista, piensa que los cepillos y pasta de dientes no es algo demasiado común allí y el azúcar no forma parte de su dieta.

– Los hombres blancos no son los reyes magos entregando regalos, mejor pagar por un trabajo comprando artesanías por muy salvador del mundo que te sientas dando cosas.

No cojas al niño que llora porque va a parar cuando vea que nadie le hace caso, nuestra sociedad no para de malcriarlos y si cada vez que lloran los cogemos o les damos algo se acaban acostumbrando a ello y el llanto se termina convirtiendo en una forma de pedir. Además, ¿como reaccionarías si de pronto llega un negro y coge en brazos a tu hijo para hacerse una foto?. Ponte en su lugar.

No los muevas para las fotos sin pedir permiso. Es tan sencillo como pedir a Anitha (a tu guía) que te traduzca y pedirles con educación si se pueden poner donde te gustaría. Lo van a hacer con una sonrisa en la boca.

– Si señalan las gafas de sol no es porque se las quieran poner, es porque les resulta gracioso su propio reflejo en los cristales. Nunca van a poder comprarse unas y no tiene sentido que sepan lo cómodo que es algo que nunca van a tener.

– Estamos allí para observar y aprender. Disfruta de la experiencia, tal vez nunca vayas a estar en un lugar tan auténtico.

No te olvides de despedirte al marcharte, ya sabes como se dice adiós: ¡Karenawa!

Volando entre himbas

Deadvlei, entrando en los sueños de Dalí (Sossusvlei – Namibia)

Deadvlei

El mundo de los sueños fue uno de los temas recurrentes en el imaginario de los surrealistas. Pintores, poetas, escritores… todos, en algún momento de sus vidas, buscaron inspiración en lo onírico para dar forma a sus creaciones. Los sueños son la mayor expresión del subconsciente: mundos sin reglas preestablecidas y con un orden supeditado a la imaginación.
Eran escenarios perfectos para que el surrealismo cobrase forma y poder así dotarlo de sentido. Deadvlei es uno de esos escenarios con la particularidad de haber sido recreado por la mano de la naturaleza en un lienzo infinito: el mundo real.

Deadvlei

Deadvlei

Cerca de 5 horas en 4×4 dirección sureste es el tiempo que necesitas para recorrer los 333 km que separan Windhoek, la capital de , de Sesriem, un asentamiento que funciona como entrada al parque nacional de Namib-Naukluft. Este parque situado dentro del desierto del Namib alberga en su interior algunos de los lugares que más se repiten en los libros de fotografía que protagoniza este país del África austral. Entre estos lugares destaca Sossusvlei, un conjunto de “pans” y cañones rodeados por dunas gigantes de arena roja capaces de cortar la respiración del observador, y sobre todo del escalador, si te animas a hacer cima en cualquiera de ellas. La estrella de todas estas “pans” es sin duda Deadvlei: el lago muerto de arcilla blanca.

Hace ya 900 años que el agua dejó de regar este lago creando uno de los paisajes más antiguos y secos del planeta. El sol abrasador acabó quemando y ennegreciendo los troncos de las acacias muertas que quedaron en su interior y la falta de humedad impidió que estos troncos se pudrieran convirtiendo sus ramas en cadáveres espigados paralizados en el tiempo.

Deadvlei

Deadvlei

La primera vez que lo visité su imagen evocó en mi cabeza uno de los cuadros que más me han fascinado en mi vida: “La persistencia de la memoriade Salvador Dalí. Faltaban los relojes reblandecidos por el paso del tiempo, un tiempo que, en mitad de aquel lugar, se detuvo por completo de nuevo, como 900 años antes, y dejó de avanzar intentando que ese momento no acabase nunca.
Si para Dalí la blandura de los relojes podría mostrar vulnerabilidad en mi caso el que se reblandeció allí fui yo. Quedé en un estado de indefensión total, ensimismado y tan absorto que tardé lo que me pareció una eternidad en salir de una especie de efímero duermevela en el que me costaba distinguir el mundo real de los sueños.

Deadvlei tiene una magia especial, un misticismo inexplicable engrandecido por la ausencia de sonido y la estricta paleta de colores que rellena sus formas estilizadas. Rojos, azules, negros y un blanco amarillento son los culpables de la belleza de este espectacular paisaje. No hay más, el resto del mundo desaparece allí. Hoy Deadvlei solo persiste en mi memoria. Y me pregunto: ¿ha estado Dalí jugando conmigo desde que vi su cuadro por primera vez?, ¿esperaba que  algún día llegase a este lugar para provocarme todos estos sentimientos?.

Deadvlei

Deadvlei

Deadvlei

Deadvlei

Deadvlei

La afluencia de visitantes no le resta un ápice de encanto y si encuentras la hora apropiada puedes llegar a tener una cierta sensación de soledad que no acaba hasta que sales del lago y alcanzas el parking en el que están obligados a estacionar todos los vehículos. Es un pequeño paseo de 10 minutos por la arena de un desierto que cubre 32.000 kilómetros cuadrados del oeste namibio, un mar de dunas con nombres propios que son algunas de las más altas del mundo: Big Daddy, Duna 45, Duna 7 o la Duna Elim.

Deadvlei

Deadvlei

Deadvlei

Por eso no extraña que Deadvlei sea uno de los lugares más fotografiados del África subsahariana, escenario de vídeos, anuncios y películas como La Celda o el documental Samsara.

Deadvlei

Deadvlei

He tenido la oportunidad de visitarlo en 3 ocasiones. Todas iguales, todas distintas. Siempre a primera hora de la mañana, cuando el sol se levanta por el este alargando las sombras hasta el infinito, y sin resquicio de relente. A pesar del corto espacio de tiempo que las separaba, entre cada una de estas visitas no hubo más de 30 días, cada vez era como regresar a un lugar en el que nunca había estado.
La memoria se encarga de recordar en función a la carga emocional que hayamos sentido con la experiencia. Para mi memoria Deadvlei es como un lugar que no existe pero al que puedo volver siempre que quiera y el insomnio me lo permita. Sólo tengo que cerrar los ojos, relajarme y dejar a mi imaginación crear el orden de un mundo sin reglas preestablecidas.

Para volver a Deadvlei sólo tengo que dormir. Sólo tengo que soñar.

Deadvlei

The big five (los cinco grandes de África)

El término de “los cinco grandes” proviene del mundo de la caza, son los 5 animales más complicados de cazar a pie, los cinco mamíferos más cotizados, algunos de los más difíciles de encontrar y los más representativos del continente africano.
Los tiempos en los que su vida pendía de las manos de “deportistas” hambrientos de sangre han quedado en el pasado, por suerte. Las leyes se han endurecido y los países en los que se encuentran han restringido las normas que permitían matar por deporte… o por codicia.
Es dura la lucha contra los furtivos pero el mundo está cada vez más mentalizado de la importancia de la vida animal y lo que representan en la continuidad de los ecosistemas que habitan. Ahora siguen siendo igual de codiciados… pero para los cazadores de imágenes. Las nuevas armas hacen click en vez de pum y permiten inmortalizarlos para siempre sin daño alguno para ellos. Puedes colgarlos en la pared, en papel baritado, en vez de disecados. El nuevo taxidermismo es digital o tiene el taller en un cuarto de revelado.

En este último viaje he tenido la suerte de encontrarme a los cinco entre dos de los parques más bonitos del África Austral: Etosha y Chobe, en Nambia y respectivamente. Y los he cazado.

Rino

El primero el rinoceronte, el negro en este caso. Apareció sediento a la hora del atardecer en una de las charcas de Etosha. Un espectáculo impresionante.

Leopard

Pero no tanto como ver al leopardo disfrutando de un un buen festín en Chobe. El día antes ya pudimos divisarlo a lo lejos en un boat cruise por el río que da nombre al parque. Majestuosidad es la palabra más adecuada para definir a este maravilloso felino.

Lion

No podía faltar el león. El rey de la selva, de la sabana… o del secarral. Porque Etosha no es precisamente un vergel. Ni nada que se le parezca. Esta falta de agua es la que permite, gracias a las charcas, ver más cantidad de animales de los que se verían sin ellas en este inmenso parque de más de 22.000 kilómetros cuadrados, uno de los más grandes del mundo. En este caso era la reina, una leona solitaria caminando tranquila en busca de alguna sombra que la ayude a soportar el calor.

Elephant

Y el más grande de entre los cinco grandes; el elefante. Esta manada estaba en Chobe, junto al río, esperando el beneplácito del macho para poder acercarse a beber el líquido elemento. A pesar de su envergadura y fortaleza nadie da un paso en la selva sin antes comprobar el terreno, las crías siempre pueden ser presas de algún cocodrilo hambriento capaz de desafiar los tamaños en pos de un buen bocado.

Buffalo

Por último, pero no menos importante, el búfalo. Uno de los más peligrosos y tal vez el más listo en la forma de atacar. Es el animal que más muertes causa en África, el más temido. Estaba tranquilo pastando en una de las islas que forma el río Chobe en su paso por Botswana.

Aquí los tengo “cazados“, taxidermados para siempre en este muro que es el blog. Los cinco grandes. Los más buscados.

Pero no todo es bonito y hasta en esta parte del mundo tengo que avergonzarme del país que me vio crecer. Las noticias aquí están tomadas por el asesinato de uno de los símbolos de Zimbabwe a manos de un cazador español. El león Cecil tardó dos días en morir, una aberración que se hace más grande al leer en The Guardian que España es el país que más “trofeos de caza” ha importado en los últimos años. De 2007 a 2012 se importaron 450 cabezas de león, una barbaridad comparada con las 100 de Alemania.
Me avergüenzo de esa España y más que nada de esos empresarios millonarios que se la miden a base de trofeos de animales cuya existencia está amenazada. El paletismo de las élites españolas se transforma en patetismo al leer estas noticias.
En estos momentos me gustaría creer en el karma pero me vuelvo malvado y desearía ver las cabezas de esas clases altas como trofeo en algún museo. Porque élites siempre habrá, pero me pregunto si nuestros hijos podrán ver en el futuro, como he tenido la suerte de ver yo, los cinco grandes de África fuera de un zoológico o una foto en un libro. Inshallah.

(*) Editado 28 de Julio de 2015. Parece ser que el cazador no era español y tengo una cosa menos de los que avergonzarme. Leo a Dani Serralta en su cuenta de Facebook que se trata de WALTER JAMES PALMER, un estadounidense guiado por el sudafricano Theo Bronkhorst. Ambos dos una vergüenza para el mundo de la caza en particular y para el género humano en general. Gracias Dani por la info.
Para seguir más cerca el caso os invito a seguir la cuenta de Dani y os dejo un par de noticias que lo explican:
El cazador que mató a ‘Cecil’ es estadounidense, dentista y apasionado de la caza
Identificado un estadounidense como el cazador del león Cecil

Ruta del Okavango, una visión general del África Austral (Namibia, Botswana y Zimbabwe)

Desert Camp

Hace tiempo que no posteo. Más de un año ya sin contar mis aventuras y viajes, sin confesarme por escrito ante una página en blanco. Más de un año sin escribir es demasiado tiempo para mis manos, más de un año sin que mis fotos vivan fuera del disco duro es demasiado tiempo para ellas.

Demasiadas aventuras y poco tiempo dedicado al resto, a vosotr@s, e incluso a mi mismo, porque el blog era tan parte de mi como mis cicatrices. Porque el blog era también vuestro y os dejé de lado. Nos dejé de lado.
África, América y Asia son los continentes olvidados de mis últimas aventuras. Namíbia, , , República Dominicana, México, Tibet, Nepal, Andorra o Irán son los nombres propios que aparqué en un tintero en el que nunca recordé mojar la pluma.

Ahora echo de menos escribir, echo de menos contar y os echo de menos a vosotros, porque no solo de Instagram vive el hombre y Facebook o Twitter no son suficiente para explayarse a gusto.

Este último viaje es la excusa necesaria. La aventura que voy a resumir a grandes rasgos con más imágenes que palabras será el comienzo del regreso. Y aunque no prometo una regularidad continua si puedo comprometerme, al menos, a una intermitencia constante.

Vía láctea

La aventura de la que hablo es la Ruta del Okavango, un viaje que realizo como guía para Ratpanat y ante el que es imposible no maravillarse. Sobre todo por las postales que deja en la retina, o en el sensor de la cámara.
Y así va a ser, a base de postales, la forma en que voy a empezar hablando de él. En sucesivos post desarrollaré cada punto, cada lugar, cada paisaje y me explayaré como debe hacerse para contar lo que provoca la belleza de estos lugares.

Ahora son solo postales, os invito a disfrutarlas. Esto es solo el aperitivo… el plato fuerte está por venir.

Las fotos de arriba son los cielos del desierto del Namib desde Desert Camp, en la primera pueden observarse también las tiendas donde nos alojábamos. La segunda foto es la vía láctea en todo su esplendor desde el hemisferio sur.

Dunas

Dunas del desierto del Namib en el camino a Deadvlei, un impresionante lago seco rodeado de desierto y con acacias muertas que no acaban de pudrirse por la falta de humedad. Un paisaje que parece sacado de una película de Tim Burton o de cualquiera de los sueños más surrealistas en los que Dalí se inspiraba para crear muchas de sus obras.

Deadvlei

Deadvlei

Dunas

Manada de Orix

Esta es una foto aérea durante un vuelo en helicóptero por este océano de dunas rojas que es el Desierto del Namib. Los animales que corren ante el sonido de nuestro pájaro de hierro se llaman Oryx y su belleza es solo comparable a su poderío cuando te miran desafiantes durante los safaris en los que recorremos estas tierras.

Osos marinos

Colonia de osos marinos en Cape Cross. Más de 120.000 espécimenes crean un paisaje espectacular y momentos de extrema belleza en esta parte de . Su presencia aquí se debe a la cantidad de cardúmenes de peces que habita las aguas namibias. La particularidad del lugar es su olor, por supuesto, imaginad 120.000 individuos de cualquier especie retozando en un mismo lugar sin baños… ni aunque fuesen humanos.

Osos marinos

Osos marinos

Himba

Uno de los mayores atractivos de este viaje es el contacto con las tribus que habitan el norte de Namibia en su zona fronteriza con Angola. Entre ellas destacan las Herero y las Himba, culturas ancestrales que se mantienen casi intactas.

Las protagonistas de estas fotos son Himba, una tribu de la que hablaré con detenimiento y sobre la que más adelante contaré detalles de sus particulares adornos y tradiciones. Por ahora, como decía al principio, esto es solo un aperitivo.

Himba

Epupa Falls

Cataratas Epupa. Unas impresionantes cascadas formadas por el río Kunene, río que en este tramo es frontera natural entre Namibia y Angola.

Paso de cebra

Paso de cebra en Etosha y un springbok que mira sorprendido. Os aseguro que no he visto ningún conductor que no parara ante estos pasos de cebra, incluso sin peatones a los lados.

Girafa bebiendo

Jirafa bebiendo en Etosha. Una imagen que me encanta ya que es bastante difícil de encontrar. Es el momento más peligroso en la vida de este mamífero ya que la posición que tiene que adoptar cada vez que quiere beber agua crea unos segundos de indefensión total que lo dejan a merced de cualquiera de sus depredadores.

En las charcas la jerarquía es siempre aceptada e irrompible y podemos ver las avestruces esperando su turno para disfrutar del líquido elemento.

Elefantes

Elefantes en Etosha. Los de arriba los vimos jugando en Okakuejo, una de las charcas más bonitas y accesibles, el de la foto de abajo es un macho ya mayor que nos encontramos al borde de la carretera cuando salíamos del parque.

Elefante

Río Chobe

Okavango al amanecer. La niebla se forma por el contraste de temperaturas entre un agua templada y unas mañana frías y húmedas. Las vistas son desde NGEPI, uno de los campamentos más curiosos que he visto en todo el viaje.

Águila pescadora

Y una de las fotos de las que me siento más orgulloso. Macho y hembra de águila pescadora en el momento exacto en el que uno de ellos atrapa una presa descuidada. No sé el género de la que acertó en la caza pero sé que son macho y hembra porque siempre están en pareja y es complicado encontrar 2 machos o 2 hembras juntas.
La foto es en uno de los canales que crea el único delta interior del mundo, ya que el Okavango no desemboca en el mar si no que lo hace en el desierto del Kalahari.

La vía láctea desde en el Okavango

Vía Láctea desde el delta del Okavango.

Okavango desde el aire

Y estas son algunas imágenes aéreas durante el vuelo escénico con el que sobrevolamos este impresionante delta.

Okavango desde el aire

Okavango desde el aire

Okavango desde el aire

Cocodrilo

Los cocodrilos descansan con la boca abierta para poder refrigerar el pequeño cerebro (3-4 cm) que tienen entre los ojos.
Este estaba tranquilamente, al fresquito del atardecer, en el parque de Chobe (Botswana).

Búfalos

Seguimos en el parque de Chobe, en esta ocasión los búfalos al atardecer creaban una estampa icónica, casi tanto como los elefantes de la foto de abajo.

Elefantes

Atardecer

El atardecer es impresionante en este lugar. Chobe es una maravilla en todos sus aspectos, ya sea para disfrutar de un safari en barco que termina con un atardecer precioso o para hacerlo en 4×4 y observar su abundante fauna durante el amanecer.

Elefante

Elefante al amanecer en Chobe.

Búfalo

El búfalo es uno de los animales más peligrosos de los que aparecen en este post. Cuando un búfalo ataca no avisa y si está solo y herido es muy complicado salir vivo del encuentro.

Hipopótamos

Hipopótamos aprovechando los primeros rayos del sol.

Chacal de lomo negro

Chacal de lomo negro disfrutando de las sobras del festín que quedaban en los huesos de un búfalo practicamente devorado.

Facoquero

Y no podía faltar Pumba en este aperitivo. Su nombre real es facoquero y no deja de ser divertido encontrarlo comiendo, con su peculiar estilo, en cualquier parte del camino.

Victoria Falls

El broche final del viaje son las Cataratas Victoria y el vuelo escénico con el que poder disfrutar de este espectáculo de la naturaleza que, desde 1989, es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

La foto de abajo es desde el Victoria Falls Hotel, se pueden ver las Mosi-oa-Tunya (nombre original de estas cataratas),  cuya traducción significa: el humo que truena. El sonido no puede transmitirse en la foto pero viendo el “humo” podéis imaginar su tronar.

Victoria Falls

Como ya he dicho, esto es solo el principio, pero no solo habrá post de esta zona. Mi intención es desempolvar viajes pasados e ir contando, sin prisa pero sin pausa, lo que han sido mis últimas aventuras. La cronología se va a diluir por el ansia de escribir y me voy a dejar llevar por la inspiración más que por la razón.

No lo debería decir más porque ya lo he dicho mucho, pero bueno, me encanta repetirme: ¡HE VUELTO!.