Atitlán desde el mirador – Guatemala – Vídeo

Las vistas del desde el mirador de , al lado del café Entre Nubes.

El atardecer desde allí era un momento que me pasaba esperando casi todo el día. Y cuando hablaba con Martín, uno de los dueños de Entre Nubes, que me decía que él era feliz solo con levantarse cada mañana y tener esas vistas, me imaginaba lo que tenia que ser eso, y entonces me entraban de nuevo ganas de moverme, de continuar el viaje, pensando: “Seguro que puedo encontrar algo mejor“.

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Hoy voy a la radio, al programa Paralelo20. Lo emiten el lunes, podréis escucharlo en su web, en la fonoteca con todos los programas. El mismo lunes pongo el enlace en el blog y así es más fácil.
Voy a hablar de viajes, claro, he escuchado poco el programa pero parece un formato muy entretenido, ya os contaré 😉 .

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Y otra noticia, ayer estuve inaugurando exposición en la A.C. Pipo Lavapiés (Travesía de la primavera, 3, <M> Lavapies). Me tienen que confirmar los horarios por si queréis pasaros (*).
Son 8 fotos y una cortina y conviven con las serigrafías del genial Iván Solves, con quien tengo la suerte de compartir expo.
La exposición es, de nuevo, Around the Image, una serie de fotografías sobre el viaje de vuelta al mundo. Estas mismas imágenes ya estuvieron expuestas en Tenerife (Sala Aperitivos Visuales), en Madrid (Galería EM7)… y esperemos que sigan paseando, parece que les gusta viajar tanto como a mi.

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¡¡BUEN FINDE!!

(*) El horario confirmado de Pipo Lavapiés es: de Martes a Domingo a partir de las 21.30 h.

Panajachel, la vida en El Lago – Guatemala

La vida en el Lago

Llevaba unos 3 meses recorriendo centroamérica, la región donde más pude sentir algo parecido a la soledad en todo el viaje, no se si causado por las barreras idiomáticas, por mis continuos intentos de no juntarme con angloparlantes, por ir a hospedajes y restaurantes locales… me faltaban “viajeros“, me faltaba tiempo (de estadía en los sitios) para poder integrarme y a la vez no sabía lo que me faltaba.
Fue una etapa curiosa, como de reflexión, se acercaban las navidades, estaba a punto de hacer un año de viaje “solo“… tal vez fuese un cúmulo de cosas inconexas, pero que, a 10.000 km de casa, se distorsionan hasta confundir un poco las sensaciones, los sentimientos (o “los sensamientos“, que me gusta decirle a estas cosas).

La vida en el Lago

Estaba disfrutando el viaje, de los lugares, de la gente, pero me faltaban… no se… ¿amigos?, o algo parecido.
Entonces llegué a , un pueblo turístico de 15.000 habitantes situado a las orillas del Lago Atitlán, y, desde mi punto de vista, el lugar con las vistas más bonitas del .

Nada más llegar conocí a un grupo de : nicas, salvadoreños, hondureños, argentinos… Algunos llevaban un tiempo asentados allí, pero por lo general este tipo de gente son “nómadas” de Latinoamérica. La viajan, la sienten, la viven, la trabajan. Van con su “parche” buscando la temporada, la venta, el día de suerte. La mayoría viven al día, ganan para comer, ahorran para moverse, cuando se aburren de los sitios, cuando les hablan de lugares mágicos donde todo el mundo compra… hacen el petate y continúan el camino. Ya volverán, tiempo es lo único que les sobra.
Panajachel se nutre del comercio, del turismo, de las ventas. Es como una especie de pueblo bazar. Estaban todos esperando las navidades para salir hacia México, al Yucatán, Oaxaca, Chiapas… –donde van los gringos-, decían.

Y estos “nómadas“, que conocí gracias a Cacho y Jesi (pareja de artesanos que había conocido en Nicaragua), se convirtieron durante un tiempo en los “amigos” que estaba echando en falta, no solo en Pana, luego hubo un grupo con el que seguí “viajando” y volvimos a vernos de nuevo en Xela, y en San Cristobal de las Casas (México).

Bajaba todas las mañanas con ellos a los parches, leía, intercambiábamos libros, les ayudaba con las ventas, hacía de traductor cuando llegaban “clientes” gringos (todo el que no hable castellano), pasábamos las tardes en alguna de sus casas, comidas, cenas… en Panajachel tuve la curiosa sensación de sentir que vivía allí, como ellos, como puede vivir un “nómada” en un lugar de paso.

La vida en el Lago

Y muchas tardes subíamos al mirador, a tomar algo en el Café Entre Nubes, desde donde se podía ver el lago al completo y uno de los atardeceres más bonitos del lugar. Con unas estupendas vistas de Panajachel, claro.

Panajachel desde Entre Nubes

Entre Nubes lo llevaba una pareja de artesanos argentinos que habían decidido liarse la manta a la cabeza y quedarse a vivir allí del cafecito que habían montado. Un lugar entrañable y que merece la pena visitar.
Era donde iban haciendo las despedidas de los que marchaban, de los que dejaban esa pequeña comunidad de latinos, de artesanos, que conviven con los artesanos chapines en el pueblo.

Entre las nubes

Y entre las sorpresas del mirador estaba este pequeño. Le conocí en las distintas subidas que hice. Como el único lugar para aparcar en el mirador estaba en cuesta se dedicaba a calzar con piedras las ruedas de los coches de los turistas en busca de propinas. A mi no consiguió sacarme nada y al segundo día ya no le interesaba, no le interesaba como un dolar, le interesaba como persona. Pasamos buenos ratos charlando, me contaba historias de su familia, de los gringos que conocía… era bien charlatán.

Uno de los días aparcó un coche de alquiler, eran turistas, gringos. Entonces Nacho corrió a sujetar las ruedas con piedras, salió una pareja del coche, le sonrieron, la mujer buscó en el bolso para darle propina, por los gestos pareció que no tenia monedas y de repente, con una sonrisa profident y un aura de salvadora de los necesitados, le puso en la mano un billete de 5 dolares.
Nacho puso los ojos como platos y salió corriendo como alma que lleva el diablo. No volví a verle en los 3 días siguientes. Estoy seguro de que tampoco fue a la escuela.
Con el simple gesto de colocar una piedra y sonreír a un turista ganó, poniendo la mano, lo mismo que su padre gana en 3 días de trabajo en el campo. ¿Para que estudiar?, ¿para que buscar un trabajo?. Ese día, estoy seguro de que Nacho pensó que la vida es fácil, que solo hay que poner la mano y esperar que algún gringo quiera limpiar su conciencia contigo.
Ójala la vida fuese tan fácil. Ójala Nacho no tenga que trabajar de lunes a domingo, como su padre, por 50 dolares al mes. Ojala el mundo deje de pensar que “la limosna”  soluciona el problema, cuando solo lo mantiene en estado vegetativo. Ojala la gente mirase la cara del futuro y no solo viese la sonrisa del presente.

Oj Ala… que dirán también en Libia, que viene del árabe, y significa “Dios quiera“. El que sea.

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El Lago Atitlán y los volcanes – Guatemala

Volcán San Pedro con palmera

es de esos lugares que conoces y no vuelves a olvidar. A pesar de la cantidad de turistas y “mercaderes“, de la occidentalización “jipista” de algunos pueblos, de la inseguridad de los caminos que rodean el y de muchos otros “contras“, el “pro” de la belleza de ese escenario natural, ese paisaje imposible de volcanes que parece sacado de algún sueño, es tan grande que eclipsa cualquier inconveniente.

El Lago tiene algo especial, los volcanes de Atitlán (3 537 msnm), Tolimán (3.158 msnm) y (3.020 msnm) alzándose a su alrededor, sus imponentes 18 km de longitud, sus aguas azules, el misticismo Maya que lo impregna todo… y así podría seguir durante horas y no acabaría de describir la belleza de este lugar.

Volcán San Pedro

Pasé mañanas enteras sentado a la orilla, mirando el amanecer, el atardecer, leyendo, hablando con la gente de la zona, con los , intentando aprender un poco de su lengua (Kaqchikel)…
Me junté con un grupo de artesanos argentinos que vivían en las afueras de y me quedé unos cuantos días por allá recorriendo los alrededores del lago o subiendo al Cafe Entre Nubes, cerca del mirador, para tomar algo disfrutando de las maravillosas vistas que tiene.
Hablaré en sucesivos post de lo que rodeaba al lago, de Panajachel, de la vida de los artesanos, de los intentos de subida a los volcanes de la zona, de las fiestas argentinas, de los machetes, de tatuajes… hoy es viernes y prefiero quedarme solo con el recuerdo del Lago.

Lago Atitlán

¡¡Buen fin de semana!!

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*Edito a petición de Cristina para incluir un enlace en Google Maps del la situación del Lago. He marcado la zona desde donde hice estas fotos 😉
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Pescando con Volcán | Fotografía

Pescando con Volcán

Pescando con ” es una serie de fotos a Gabriel, un pescador chapín que disfruta cada mañana buscando presas entre las aguas del , porque lo que hace Gabriel no es solo pescar, es sentir el Lago.
Varias veces le dije lo mucho que envidiaba las vistas que tenia en “su oficina”.

Atitlán es un lugar mágico, con una energía especial e indescriptible. Las vistas del lago, particularmente desde , son espectaculares.
El volcán San Marcos a la derecha y el Cerro de Oro a la izquierda, escoltado por el Tolimán y el Atitlán , hacen que sentarte a mirar el paisaje pueda dejarte absorto durante horas, deseando parar el tiempo para siempre o que, al menos, esa imagen no se borre jamás de la memoria.

Pescando con volcán

Pescando en Atitlán

Atitlán se encuentra en las Highhlands guatemaltecas, uno de los paisajes más dramáticos y espectaculares del país, desde mi punto de vista. Los alrededores del lago me cautivaron y desde que volví no he podido olvidar aquellas imágenes.

Una de las fotos de Gabriel pescando acabó formando un tríptico que realicé para la exposición en Aperitivos Visuales del año pasado. Se vendió el día de la inauguración y volvió a venderse por encargo durante el año. Es una de mis creaciones más personales, y una de las que más aprecio.

Tríptico Pescando con volcán

Este post es solo una introducción a Atitlán, quería presentaros uno de los lugares que más me “marcaron” en el viaje, y no lo digo únicamente por el Dios del Tiempo Maya que quedó grabado para siempre en mi gemelo.

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Vídeo de la lava en el volcán Pacaya – Guatemala

Este vídeo lo grabé con el móvil desde la cima del Pacaya. Ayer me encontré la tarjeta del móvil que llevaba en el viaje y he descubierto que están todos los vídeos aún 😀

La “excursión” ya la conté en un post anterior: Casi tocando la lava del volcán Pacaya – Guatemala

Es solo para que comprobéis la sensación al ver como se mueve.

¡¡Pasad buen finde!!

Nos vamos de excursión, subida al Cerro de la Cruz

Vistas desde el Cerro de la Cruz

El Cerro de la Cruz es el lugar con mejores vistas para tener y el Agua en el mismo plano. No quería perderme esta foto y me estuve informando de como ir, es un paseito de menos de 30 minutos desde el centro de la ciudad.

Fui a la oficina de turismo a por un mapa y les pedí que me situasen el cerro, entonces me dijeron que la subida es “muy peligrosa, que hay riesgo de asalto, que es mejor no hacerlo solo“… vamos, lo que te cuentan en en todas partes.
Es cierto que la tasa de climinalidad es muy alta y que hasta el camión de la Cocacola lleva un “segurata” con una recortada, pero a veces son demasiado agonías.
Total que me recomendaron ir a una de las 2 excursiones que hace cada día la policía turística… vamos, paseo con escolta policial. Y a mi que, a veces, me fío de la policía menos que de los “maleantes“, fue una idea que no me hizo demasiada gracia.

Al día siguiente tenia que ir al ambulatorio a ponerme la vacuna de la fiebre amarilla. Había salido sin ella pensando que no bajaría a sudamérica, pero como alargué 6 meses el viaje me acabó haciendo falta para entrar al sur de Panamá y Colombia.
Y camino del ambulatorio decidí pasar a ver “el percal” por la comisaría. Y “el percal” era un grupo de “octogenarios” alemanes e ingleses en chanclas y calcetines por encima de los gemelos. Eso y un par de policías con metralletas para hacer de escolta. Vamos, un planazo, yo sin “bazucas” no me apunto a algo así.

Me acerqué a unos policías y les pregunté como estaba el camino para subir solo, uno me dijo que ni se me ocurriese, el otro que no había problema, que era seguro… yo les dije que: -“entonces subo mientras me quedo abajo“-, y les dí las gracias. Antes de darme la vuelta se acercó otro policía que iba más elegante y al que los otros saludaron (un superior, imagino), y me preguntó si pensaba subir solo. Le conté que iba al ambulatorio a ponerme la vacuna y que no sabía cuanto tardaría, luego me intentó convencer para ir en “el grupo de la tarde“, le dije que daba igual, que yo voy con la cámara a mi aire y que no me gusta depender de un grupo… y me dijo que bueno, que en ese caso subiese cuando quisiese. Le miré con cara de sorprendido y me contó que había un equipo policial arriba, paseando por la zona y que desde hacía unos meses casi no había asaltos. Le di las gracias, no le comenté nada de porqué no me lo había dicho desde el principio, #sonsuscosas, me puse la vacuna y tiré para el Cerro.

Estuve solo, paseando por la zona un buen rato, la subida fue tranquila, la hice por la carretera. En un momento dado me senté bajo la cruz y apareció un tipo a mis espaldas, le miré, nos miramos, movimos la cabeza como gesto de saludo, me giré y me olvidé. Estaría a unos 30 metros. Al rato le volví a buscar con la mirada, estaba más cerca, como a cosa de 15 metros, parado, le miré, me miró, movimos la cabeza como gesto de saludo, incluimos el gesto “sonrisa forzada” y seguí mirando para adelante. A los 5 segundos me giré de nuevo, había avanzado un par de metros, movimos la cabeza, sonrisa, empecé a plantearme si estabamos jugando al escondite inglés y no me había enterado. Volví a mirar para adelante, me acerqué mi mochila a los pies y cuando estaba a punto de decir: “Un, dos, tres, al escondite inglés” y girarme, escuché una voz que se me anticipó y dijo: “eh!, camina!, largu ahí!“.
Eran los policías que había en la cima, el tipo les dijo que no estaba haciendo nada, ellos le miraron, me miraron, le miraron de nuevo y movieron la cabeza, pero no como gesto de saludo… como diciendo: “tira pallá que al final te doy“. Y el tipo se fue.

Yo me hice el despistado, me levanté y les dije que iba a bajar, que como lo veían, que si el tipo ese era peligroso o solo estaba jugando. Uno me dijo que no se me ocurriese bajar solo, que tuviese cuidado, el otro que no había problema que el tipo era un “mindundi“, yo les dije que: -“en ese caso me quedo mientras voy para abajo“-, les di las gracias y bajé por otro camino más directo entre el bosquecito del cerro. Lo más peligroso que encontré fue una botella rota y una pareja magreandose en el pinar.

Conclusiones no saco, hay países en los que la seguridad es un handicap y un poco de sentido común basta para no verse envuelto en situaciones desagradables. Todo te lo van a pintar más peligroso de lo que pueda ser, como una madre que cuida de sus hijos, pero hay que ver que parecido tiene lo que te cuentan con la realidad, a veces mucho.
Lo que no se puede olvidar es que, sin lugar a dudas, lo más peligroso es “el Lopintan“.

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