Aquí va otro intento… de vivir del pasado.

Mirando al pasado

La incontinencia bloguera tornó en intermitencia y hace más de un año que no escribo nada en el blog. Lo intento, sigo abriendo nuevos borradores y dando vueltas a futuros post pero entonces me vence la pereza. Las ganas de escribir y mostrar no consiguen derrocar al peso del esfuerzo que requiere mantener vivo este monstruo, un esfuerzo sin más recompensa que poder volver atrás en el tiempo y recordar lo que fuí y como era. Algo nada desdeñable teniendo en cuenta las sabias palabras del gran Manu Leguineche: “vivir del pasado tiene una ventaja: es más barato.“.

Ese esfuerzo lo duplica la exigencia, no me vale la prosa fluida que no dice nada, no me valen los datos, solo cuentan las historias, las experiencias. Y abrirse al mundo siempre es difícil. Indagar en uno mismo es cada vez más complicado, encontrar las palabras, dar forma a las historias, contar lo que ven los ojos no es tan sencillo como enseñarlo y a mis ojos cada vez les cuesta más mirar la pantalla del ordenador en vez de los paisajes que me rodean. Los puedo enseñar, ¿pero que cuento?. Cuando viajar se transforma en la vida y la vida se transforma en viaje no es sencillo hallar la perspectiva del asombro y parece que siempre todo hubiese sido así. Nunca fue distinto.

Quiero volver a asombrarme mirando con los ojos del que ve por primera vez y siento que era el blog, este monstruo, una de las razones que me ayudaban a ello: “la persona que deja de asombrarse está vacía por dentro; tiene el corazón quemado.“, decía Kapuscinski. Y como yo no tengo el corazón quemado quiero llenarme de asombro. Quiero volver a disfrutar de las experiencias vividas una segunda vez, cuando lo escribo, y otras tantas veces más cuando me apetezca, para eso solo tendré que leerme.

A partir de ahora voy a intentar volver a escribir para mi. La razón primera del nacimiento de este diario de viajes que nunca tuvo pretensiones pero que no supe alimentar cuando se hizo mayor. A partir de ahora volvemos a ser niños los dos, no vamos a esperar nada uno del otro y solo nos vamos a juntar cuando nos apetezca disfrutar, cuando queramos jugar. Sin presión, sin responsabilidades ni exigencias, es el momento de empezar de nuevo.

Igual que la cronología no existe en los recuerdos y vuelven espontáneos cuando les viene en gana, así voy a plasmarlos aquí de nuevo. Espontáneos e intemporales. Tal vez un día solo venga una imagen y otro sienta que quiero recordar una historia, de esa forma va a quedar reflejado, con el mismo caos que tiene el almacén desordenado que los guarda; mi hipocampo.

Pero esto es, una vez más, otro intento. El futuro dirá en que queda. Mientras, pienso seguir viviendo del pasado como siempre he hecho.

Gracias Ignacio e Isa por el empujón 😉 .

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