Sri Lanka, capturando las primeras impresiones

En el tren

Estas son las primeras capturas, las primeras impresiones que han quedado en mi retina y he conseguido inmortalizar con la cámara.  No son muchas, no he tomado demasiadas fotos, estoy intentando sentir el país y verlo, descubrirlo sin la cámara delante de la cara.

Para empezar a describir debo decir que nunca he estado en India, supongo que debe ser bastante parecido visualmente, aunque también creo que Sri Lanka es más sencillo, menos agobiante, algo más limpio y un poco menos barato.

Caminando

Vistas

Manos

Estacion

Llegué a Colombo hace un par de días procedente de Bangkok sin mucha idea de lo que encontraría, no era el único, cerca de 5 o 6 personas se me acercaron en el aeropuerto para preguntarme si sabía precios, que hacer, para donde tirar o en que costa estaba afectando el monzón… no les serví de mucha ayuda. Sri Lanka es un mundo para descubrir. Ahora entiendo mejor lo que me explico Bea: «los Árabes llamaron a esta isla «Serendib», que viene del nombre «serendipia», según wiki: es un descubrimiento o un hallazgo afortunado e inesperado que se produce cuando se está buscando otra cosa distinta«.

Decidí venir a este país para seguir los pasos de Steve Mccurry, un fotógrafo de National Geographic, un dios a la hora de capturar instantes, miradas, gestos. Mi idea era seguir la ruta de sus viajes por el país… ahora no tengo claro que solo vaya a hacer eso, en estos dos días me esta encantando;  los cingaleses son increíbles, los paisajes espectaculares y los lugares para visitar infinitos. Sri Lanka se convierte de repente en mi Serendipity particular, un lugar inesperado.

Vistas

Sunset

Hikkaduwa

Hikkaduwa

Colombo

Las fotos son de: Colombo (la que hay justo encima de este texto), el resto son una mezcla del viaje en tren hasta Hikkaduwa y de esta ciudad costera, playera y surfera que ahora esta en temporada baja, con olas rotas y un calor abrasador, pero que no pierde la magia del país y sus gentes.

Estas son mis primeras impresiones de este país de nombre impronunciable que poca gente sabe situar en el mapa, esta «lágrima de India«, esta isla encantadora con tantos nombres como sorpresas. Fue Heladiva, Lanka, Lankadv?pa, Simoundou, Taprobane y Ceylon,  ahora se llama Sri Lanka pero como me gusta la historia que me contó Bea me parece que la voy a empezar a llamar Serendipity, mi hallazgo afortunado.

La foto de abajo es en Colombo, la hice para enseñaros la «grafía de su alfabeto y sus afortunadas publicidades«. Creo que voy a encontrar muchas serendipias aquí… si es que me molesto en buscar.

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Chiang Mai en Songkran (Tailandia)

Sabai dii pii mai!

Sin lugar a dudas es mi niña mimada en Tailandia. Estaba deseando volver a Chiang Mai, y pensar que llegaba a pasar una de las festividades más importantes del país me ilusionaba bastante, además de los reencuentros que me esperaban allí… eso si, venía de uno muy bueno.

Salí de Filipinas para juntarme en Koh Chang durante casi una semana con los señores Jorge, Alejandro y Roberto, amigos de Hortaleza que uníamos en este punto nuestros caminos asiáticos.
De esa semana en Koh Chang no os puedo contar nada, ha sido declarado material clasificado y desclasificador que lo desclasifique buen desclasificador será.

Pero como el antes y el después se puede saber, os dejo el dato de que el billete desde Bangkok a Koh Chang fueron 300 B (bus y ferry) más otros 100 del taxi a Lonely Beach, la vuelta fueron 280 B más 100 del taxi.

Y en BKK pillamos del tirón el tren nocturno que va hasta Chiang Mai, ya solos Roberto y yo. Como estábamos cerca de Songkram los precios de todo sube y nos costó 791 B por persona en coche cama. Segunda clase en literas:

Coche cama a Chiang Mai

Es la mejor en relación calidad/precio. Este tren es otra de las razones de que me guste tanto Chiang Mai, las cerca de 16/18 horas de viaje pasan como el paisaje a través de la ventanilla, sin que te des cuenta. La comida es buena y asequible al bolsillo, el servicio es siempre muy atento, suele estar todo muy limpio y ordenado y hacen las camas con sábanas limpias (esto es para que mi madre vea que a veces también viajo como las personas :p).

Llegamos a la ciudad y nos fuimos a buscar algo en el “cuadrao” (la zona amurallada, dentro del foso).  Es la zona más tranquila y acogedora. Nos alojamos en Kristi Pension, 300B (8€) la habitación doble con agua caliente, BAÑERA (7 meses sin ver una), televisión y Wi-Fi… ¡por todo lo alto!. Ahora si, estábamos listos para el Songkram, ah, bueno, aún nos hacían falta las pistolas de agua y… ¡a mojarse!

¡Agua!

Songkran es una palabra en sánscrito que significa cambio, renovación, movimiento. El cambio principal que se vive en este momento es la transición de la estación seca a la húmeda (monzón) con temperaturas que llegan a los 40 grados. De ahí que el uso del agua esté más que justificado.

Con su pistola

El país entero se transforma en una “fuente”, a pesar de que en un principio el agua se lanzaba únicamente al torso de las personas y las imágenes (o a sus manos), la tradición ha evolucionado y  ha dado paso a una batalla acuática en toda regla.
El gesto de echar agua se basa en el concepto de la purificación, de la limpieza de malas energías.
Un concepto que se han apropiado casi todas las religiones de una u otra manera, realizando ritos de purificación, abluciones, limpias o bautismos con el agua como principal protagonista.
También el momento en el que paseaban sus imágenes (Budas) como en una procesión para que la gente los mojase me recordó a la Semana Santa y sus procesiones, una fiesta que también se celebra  cercana al solsticio de primavera, cuando van a empezar a llegar las lluvias, justo lo que necesitan las cosechas.

Esta fiesta en Tailandia va del 13 al 15 de Abril pero en Chiang Mai empezó el 12 y aunque en el resto del país de los 3 días solo es uno el de “batalla” y los demás son para estar con la familia y en el templo, en esta ciudad fueron 4 días de agua como si no hubiese mañana.

Conciertos

Chiang Mai es la ciudad por excelencia para vivir el Songkran, una de las más bonitas del país, con más religiosidad, cultura y fiesta. Tiene todos los ingredientes necesarios para que no le falte de nada.

Como he comentado al principio del post, esta es una de mis ciudades favoritas de Tailandia, supongo que su gastronomía es uno de los factores que más influyen, es espectacular comer en cualquier lugar de Chiang Mai. Durante el Songkran, además, pusieron una especie de feria gastronómica en Th Ratchadamnoen (dentro de la muralla) y no pude resistir intentar probarlo todo.
Es una de las ciudades perfectas para un curso de cocina tai, pero no solo eso, para hacer uno de masaje tailandés, o simplemente disfrutar de ellos, yo me hice un masaje de pies y al salir pensaba que estaba andando sobre algodones.

Chiang Mai también tiene el mercado nocturno donde pasear y ver una gran variedad de artesanías, una infinidad de templos espectaculares donde disfrutar de la espiritualidad y la religiosidad de la ciudad y un montón de locales nocturnos donde disfrutar de todo lo contrario… y en Songkran mucho más, la ciudad no dormía, del Reggae Bar a “mojarse en el foso” en tiempo record.

Nosotros, durante el día, pasamos una gran parte del tiempo en la Pratu Tha Phae (una de las puertas de la muralla más al este), el ambiente era bastante “farang” pero divertido. También hicimos nuestras incursiones a la parte más thai, en la esquina noroeste de la muralla, allí había conciertos de grupos thais, puestos de comida, y miles de personas empapándose unas a otras con el agua del foso… algo que higiénico, lo que se dice higiénico… no debía ser demasiado.

¡Agua!

Bailando

Conciertos

Y esto es Songkran; cubos de agua (¡con hielo!) que te tiran por encima al primer descuido (por farang), música por todos lados, sonrisas, diversión, cachondeo y purificación. Que no todo va a ser trabajar.

Con este vídeo al más puro estilo Doom intento mostrar una parte de la batalla.

Os dejo también una serie de fotos que hice intentando captar el momento en que acertaba el tiro con mi pistola de agua en algún blanco despistado:

Atacados

Atacados

Atacados

Atacados

Atacados

Atacados

Atacados

Atacados

Haciendo arepas en el eje cafetero en Marsella (Colombia) y bajando a Ecuador

Arepeando en La Finca

De Medellín salimos en dirección a la zona cafetera, no es que dejásemos la búsqueda de Macondo para ver si encontrábamos a Juan Valdez, es que buscábamos algo pequeño, tranquilo, «sin rumba«, ver algo de la Colombia rural menos turística. Y el lugar elegido fue Marsella, tal vez porque no hablan de allí las guias de viaje.

Un pequeño pueblo de menos de 20.000 habitantes no muy lejos de Pereira, rodeado de cafetales y montañas en el que no queríamos más que relajarnos y caminar. Nuestro error fue que la primera noche, después de cenar, decidimos tomarnos «una» cerveza. Antes de que pudiésemos terminarla e irnos a casa aparecieron Omar y Manuel, –¿de donde son?-, nos preguntaron,-Españoles-, contestamos nosotros, lo siguiente fue: –¿y que diablos hacen acá en Marsella?-… y ahí el relax que esperábamos en Marsella se transformo en rumba sin fin y una resaca de esas antológicas, eso si, en la espectacular finca que gestiona Heiller, uno de los amigos/hermanos que encontramos aquella noche, junto a Jonathan (el gafas), Manuel, Omar y el resto de la pandilla.
Hailler gestiona una finca en la que está intentando recopilar un poco de la fauna y flora colombiana, tiene casi de todo, vacas, cabras, loros, papagayos, pavos reales, gallinas sin plumas ¿?, cerdos, plantas de café, guadua, flores de todo tipo, frutales, hortalizas… y a menos de 5 minutos andando un pequeño reducto de bosque tropical en mitad del eje cafetero. Se nota en ello la pasión por la naturaleza de alguien que estudió Ambientales.

Arepeando en La Finca

Ejemplo del pavo real, y abajo Jonathan cogiendo yuca para el sancocho que estábamos a punto de meternos entre pecho y espalda.

Arepeando en La Finca

Allí pasamos unos días entre la naturaleza, ordeñando las vacas en la mañana y cogiendo los huevos de las gallinas… en las «tertulias de artistas frustrados» (que le gustaba llamarlas a Heiller) que se montaban por la noche en La Finca, con sus guitarras, sus lecturas, sus poemas, sus chistes… y aprendimos muchísimo sobre Colombia, sobre la historia, la fauna y la flora, sobre sus gentes, y por supuesto, sobre su gastronomía, de la que aprendimos de primera mano gracias a la Microempresa de Arepas que tienen en La Finca.

Arepeando en La Finca

Aquí podéis verme con las manos en la masa, nunca mejor dicho. En la masa que se hace a base de maíz cocido. Otra opción para hacer arepas es comprar directamente la harina de maíz. A eso solo le hace falta agua y un buen amasado para hacer la masa que estoy aplastando en la foto, estoy en el paso final, con el molde acabando de terminar la arepa. A mi derecha la masa y a mi izquierda las arepas terminadas listas para brasear.

Arepeando en La Finca

Y con sal, con mantequilla y unos choricitos ya teníamos la comida lista.

Arepeando en La Finca

Fue una pasada como nos trataron, nos acogieron en su casa y nos ofrecieron todo lo que tenían, salimos  de allí agradecidos y con un poco de pena por partir, eso si, seguros de que algún día volveríamos a cruzar nuestros caminos en cualquier lugar. En Marsella, un pueblo al que fuimos buscando «nada» y encontramos «todo«.

La siguiente parada en el camino fue San Cipriano, la razón, para ver con nuestros propios ojos un pueblo en mitad de la selva al que no llegan caminos ni carreteras, solo una vía de tren que está en deshuso.
San Cipriano fue uno de esos pueblos que creció en torno a la estación de tren, un medio de transporte que dejo de usarse en Colombia hace años, seguramente por ser el medio de transporte más fácil de sabotear y durante el largo conflicto la seguridad primó sobre la comunicación.

Total, que para llegar al pueblo desde la carretera los lugareños han inventado uno de los métodos de transporte más curiosos, e inseguros, que existen. A unas pequeñas cajas de madera con ruedas que encajan en las vías le acoplan una moto para hacer la tracción… y listo, ya tenemos vehículo. Para subir del pueblo a la carretera perfecto pero para la bajada… mejor no tener miedo o ser aficionado a las montañas rusas.

En la foto intentando acoplar mi mochila para que no saliese volando.

Estas 4 últimas son fotos de Quirós. Con las 2 de San Cipriano no olvidaré la situación al descargarlas a un disco meses después en Cuzco (Perú). La abuelita del cibercafé abrió un par para ver si se habían grabado bien y cuando Quirós le dijo –Esas son de Colombia-, la abuelita respondió: –¿Así es Colombia?, ¿allá son negros?-. Creo que estuve riendo cerca de 20 minutos.

De San Cipriano nos fuimos a buscar la Colombia más sórdida en Cali. Y la encontramos. La primera noche la ciudad nos dejó claro que no nos quería allí, tal vez fue el barrio, el casco antiguo, junto a la catedral… el sitio justo al que no debíamos haber ido. Allí pasamos la noche, en el peor hostal de Cali, o por lo menos, el más barato. Esperando que el sol nos permitiese salir del lugar (durante la noche eramos carne de cañon), entre ángeles blancos y todo tipo de insectos y olores. De Cali conocimos lo peor, pero porque pareció que lo buscásemos. De todo se aprende.

Y así decidimos salir del país, por Pasto, un pueblo curioso, con una calle principal que forma una frecuencia pefecta de «wiskería», locutorio, pollo frito, estanco… y así sucesivamente hasta el final de la calle. Es lo que que tienen los pueblos fronterizos, a eso va la gente, a cruzar fronteras, incluso las que no cruzan en sus propios países, o en sus vidas cotidianas, incluso fronteras interiores.
Curioso invento del hombre, parece que al cruzar una de estas seas más libre que dentro de la tuya… aunque también las hay que te hacen más preso.

Postales sueltas de Suiza (#minubetrip) – Fotografía

Tren cremallera

Sigo sin encontrar momento para actualizar, una avalancha de trabajo y las secuelas de #acampadasol me tienen sin mucho tiempo para «respirar«, y para que no os aburráis os dejo un post fotográfico con algunas cosas sueltas que me he encontrado mientras procesaba las fotos del Minubetrip a Suiza.

La primera foto NO es una maqueta, es el tren cremallera con el que bajamos del Monte Pilatus en Lucerna. Es mi primera prueba de una técnica fotográfica que se llama Tilt Shift.

Sombras
Algunas sombras en las calles del Lucerna al atardecer.

Esperando
Esperando en la puerta de alguna de las muchas joyerías de Lugano.

Hora mágica
Vistas de Zurich al atardecer en el cuadrado que definió Ignacio Izquierdo para fotografiar la hora mágica.

Hora mágica
Vistas de Zurich al atardecer detrás del cuadrado que definió Ignacio Izquierdo para fotografiar la hora mágica.

En el tren
Estación de tren en Zurich.

Seguridad
Seguridad de las joyerías en Lugano a la hora del cierre de los comercios.

Callejones
Imágenes que aparecen en los callejones de Berna.

Sombras
Sombras sugerentes del atardecer en Lugano.

>> Todas las fotos de Suiza <<

Y mañana volvemos al viaje, nuevo post de México, órale!.

Sapa. Terrazas de arroz.

Sigamos con el viaje, que es para lo que esta este blog. Continuo por donde andaba, finalizando Vietnam.

Por suerte para mi la sensacion de llegar a Sapa fue como salir de Vietnam. Como ya cuento en un post anterior, en el tren desde Hanoi a Lao Cai (15 $ litera dura, 9h) conocí a Chii, una joven Hmong que visitaba Hanoi. Hice con ella el trayecto en tren y luego fuimos de Lao Cai a Sapa, fueron 2 $ por 2h en minivan… y con ella entre en Sapa, algo que marco mi estancia allí.

Sapa es un pueblo de las montañas del norte de Vietnam, son 36.000 habitantes y una gran mayoría de ellos pertenece a la tribu Hmong.

Según llegamos Chii me ayudo a buscar hotel, fue el Pinochio, 4 $ por habitación doble con unas de las mejores vistas que he tenido en mi vida. Luego me enseño un buen restaurante local, y muy barato, y paseamos por el mercado. Quede con ella para realizar un treking al día siguiente. Serian 2 días / 1 noche y me alojería en casa de su familia en la aldea de Lao Chai. No fue posible por las condiciones meteorológicas, pero me quede con verdaderas ganas.

Chii, al igual que la mayoría de las mujeres de la tribu Hmong, es guia de treking, artesana, cuida de la casa, la familia, de los hijos (si tuviese), administra el dinero, lo gana, habla ingles perfectamente y hace todas las labores del hogar… mientras los maridos son pasmarotes que se pasan el dia en la calle sin hacer nada o jugandose el dinero al billar… y el único ingles que saben es: «Hello, motorbike?».

Esta es una estructura familiar que se aprecia en todo Vietnam pero que se lleva al extremo en Sapa, las familias se estructuran en una jerarquía matriarcal en la que son ellas quienes mueven el cotarro de todo… y cuando digo «todo«, es TODO. Resulta gracioso ver a las abuelas que se te acercan para ofrecerte pulseras, pendientes, collares, hachis, marihuana, opio… lo que sea, y no les digas que no quieres porque no fumas, porque ese no es motivo para ellas:

– «No pasa nada, yo te enseño, lo primero es empezar con poquito»

Es para verlo.

Como no pude realizar el treking me dedique a pasear por la ciudad bajo una continua llovizna, como todo el pueblo me había visto llegar con Chii no me fue dificil hacer un montón de amigas. Todas las jóvenes Hmong me trataron genial y me ensañaron los mejores sitios locales, yo a cambio las ayude a escribir y leer emails a sus amigos turistas. Hablan ingles infinitamente mejor que yo pero no saben leerlo o escribirlo.

Después de esto me llenaron de pulseras y acabaron discutiendo por ver cual era mi novia… como la media de edad rondaba los 12 años les pedí que dejasen de discutir y me presentasen a sus hermanas mayores, la rápida respuesta de una de ellas fue:

– «No tengo hermanas pero mi abuelo murió y mi abuela esta buscando novio… no tiene dientes pero tu tienes dinero para comprarle unos nuevos, vale????».

Todos estallamos en carcajadas y ahí quedo la cosa. 😀

Otro de los días realice un pequeño treking al pueblo de Cat-Cat. Es una ruta muy sencilla y bastante bien señalizada que puedes hacer sin guia, mas que nada porque aquí la gente si esta dispuesta a ayudarte en el camino, no como en el resto de Vietnam. Con esta pequeña ruta pude disfrutar de uno de los grandes atractivos de Sapa, sus terrazas de arroz. Son unos paisajes preciosos en lo que veía por primera vez cultivar arroz en un clima de montaña.

Sapa es un lugar encantador en el que hice muchos amigos, un montón de españoles, algún argentino, franceses, canadienses… y por supuesto locales. De estos quiero destacar a la pequeña Chu, que con 8 años me dejo prendado de su simpatía y su desparpajo. Desde aquí la mando un fuerte abrazo.

Chu y yo.

Desde Sapa partí en dirección a Laos con la intención de pasar por un puesto fronterizo que habían inaugurado unos meses atrás y del que solo escuchabas problemas, falta de transporte y del que incluso llegaron a decirme varias veces que no existía o era solo para locales.

Yo hice oídos sordos, compre un billete hacia Dien Bien Phu (pueblo fronterizo en Vietnam) por 15$ y partí decidido a salir de ese país lo antes posible y con muchisimas ganas de aventura.

A las 7 de la mañana me recogía una moto para llevarme a la parada del autobús mientras una comitiva de cerca de 15 jóvenes Hmong se habían acercado al hotel para despedirse de mi.

De Sapa me llevo uno de los mejores recuerdos de Vietnam.

El resto de la aventura para cruzar la frontera merece un capitulo aparte.

Todas las fotos de Sapa… que no he incluido en el set de Vietnam.

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