San Francisco, cuarta y… ¿última?

Pues si, esta era la cuarta vez que pasaba por esta ciudad. Como todo estaba lleno una vez más había tenido que reservar con antelación… fue en el HOSTELS esta vez, unos 24 $ en dormitorio con desayuno incluido… ¡y cocina!.
Más divertido que el HiHostel… un lugar con buena vibra en el que conocí también a gente bastante maja.

Para esta vez quería visitar el SF cultural. Me puse sombrero y gabardina e intenté hacerme el cultureta.
Lo primero era el SFMoma, el Museo de Arte Moderno de SF. Además coincidía con una exposición especial de la obra de Frida Kahlo. Perfecto. Llegué y las entradas para la exposición de Kahlo estaban agotadas para los 3 días siguientes. No pasa nada, puedo entrar al resto del museo…. previo pago de 12.50 $.
Del museo quedaban libres 4 salas y una estaba en obras. Dentro de las otras 3 había de todo. Quiero decir “de todo” en cuanto a calidad, no a cantidad. Calidades de todos los tipos. Obras de Matisse, Picasso, Duchamp, Magritte, Warhol, junto a… otras obras… más las obras de mantenimiento del museo. Al final era un lio. Y como el sombrero y la gabardina me estaban dando calor decidí salir, pero antes de irme comprobé la teoría (que había inventado minutos antes) de que se puede entrar al SFMoma por la tienda sin pagar entrada.
Salí del museo, me escondí el ticket y luego entré a la tienda cuando salia alguien y de ahí al museo sin que nadie me pidiese nada. Teoría demostrada. Y así, contento con mi nuevo descubrimiento me fui a pasear por los Yerba Buena Gardens…

Moraleja: si no quieres tirar 12 pavos… ¡entra por la tienda al museo!.

Y con toda la inspiración que me proporcionó el arte, ejem, del SFMoma, me fui a terminar mi serie de fotos:

Ocres de San Francisco.

Porque así es como se ve esta ciudad en el crepúsculo. No llevan retoque, son los colores que tiene.

Y como ya tenia mi dosis de bohemia del día me fui a tomar algo con una gente que me presentaron Tina y Cynthia en el paso anterior. El equipo latino de Google. Programadores. Pero muy buena onda… igual me junto con uno (Santiago) para la nochevieja en México.
Y con ellos unas cervezas y a casita a ver como ardía el 666 de Post. Ya contaré mi teoría sobre como los incendios me persiguen en este viaje.

Al día siguiente más cultura… o mejor: contracultura.
Fui a seguir los rastros de la generación Beat. Pasear por las calles en las que Jack Kerouac y Neal Cassady (o sus alteregos: Sal Paradise y Dean Moriarty) habían pasado noches enteras recorriendo en busca del Be Bop de Charlie Parker en las páginas de “On the road” (Jack Kerouac, 1957).
Los 50 en SF fueron una época de esplendor para la literatura californiana, el Renacimiento de . Fue entonces cuando un grupo de nuevos escritores con un estilo vivo y punzante aparecieron en escena, eran la Generación Beat. Hipsters, vagabundos, alcohólicos, drogadictos, marginales, adictos al jazz, provocadores.
La biblia de esta generación es el libro de Kerouac (On the road) principalmente… junto con obras de Neal Cassady, William Burroughs, Herbert Huncke, John Clellon Holmes y Allen Ginsber.
Y para mi fue una de las razones para querer venir a SF.
Queria buscar el beat, el jazz de Charlie Parker, Miungus, Miles Davis… tomar algo en el Cafe Vesuvio, entrar en la City Lights Bookstore, la librería que fue cerrada tras publicar el libro de poemas Howl de Allen Gingsberg, censurado por obsceno.

Pero solo encontré estructuras… los locales y las calles donde pasó aquello. Recuerdos.

El nombre de una calle.

Un mural.

Chinatown que sigue como si nunca hubiese pasado nada.

Una librería que no provoca, porque ya nada provoca, pero que sigue en pie escupiendo contra el viento.

Lo que encontré fueron restos. La música no sonaba en vivo porque ya no es rentable, el beat había dejado de golpear. Encontré los huesos pero no estaba el alma.

La herencia de estos jóvenes que quisieron vivir sin reglas, disfrutar de la vida, dejarse llevar, aventurarse a la aventura… ha quedado enterrada en el pasado. Lo suyo fue una NoRevolución, como la que intentaron los hippies en los 60/70. Porque una revolución implica cambio… y ellos solo querían cambiarse a si mismos.
El fracaso es el precio por ganarse a la minoría. Un precio un tanto injusto.

Siempre quedará su obra, textos que invitan a la libertad, a hacerlo, a vivir de otra manera, a hablar y decir, a contestar y pensar. Y en mi caso, me invitaron a aventurarme a la aventura como hicieron ellos.

North Beach y Chinatown fue la zona de SF donde todos esos jóvenes, que venían vagabundeando desde la costa este en busca del sol californiano y la bohemia, se juntaron para ponerse en contra… de los demás.

Si mi último día en SF lo hubiese vivido Jack Kerouac, tal vez hubiese ido, después de comer en Sam Wo´s (Chinatown), a cualquier motel de la calle Post que no estuviese infestado de prostitutas. Habría jugado al billar con cualquier extraño mientras bebían cerveza mala en lata y fumaban cigarrillos sin filtro inundando ese pequeño local de humo. Tendría que matar el tiempo como fuese, a la mañana siguiente volaría a Dallas para ayudar a su tío en la cosecha. No quería pensar, la cabeza le dolía aun de la resaca del día anterior. Jack hubiese seguido bebiendo y fumando… intentando que llegase la hora de dormir cuanto antes. Pero todo habría cambiado cuando ella entró con otra pareja… rasgos latinos, sensualidad, labios increíbles. Jack se acercaría y empezarían a hablar… ahí descubriria que son de LA y querían divertirse. Entonces Jack saltaría tras el mostrador y subiría la música, el Be Bop sonaría frenético. Todos se animarían y después de unas cervezas se lanzarían a la calle. El whisky correría de bar en bar y ellos le seguirían.

Hellen, a belleza latina, es hermana de Alex, la otra joven (Cindy) es una amiga. Bebieron y bailaron hasta no poder más. La noche continuó por todos los antros de Frisco. Jack y Hellen ardían uno por el otro… jugaban… bailaban. Intentaron irse pero Alex andaba borracho discutiendo con algunos paletos. A Jack todo le daba vueltas, era: o ir y sacudir a esos malditos paletos o salir de ese antro apestoso. Tomó a Hellen de la mano e intentó sacarla, pero no quería dejar allí a su hermano. Lloraba y gritaba. Jack no podía seguir escuchando esos malditos gritos. La soltó y se fue al hotel dando tumbos por el camino.
A la mañana siguiente sintió que su cabeza estallaba. Estaban llamando a la puerta de la habitación, -“ya voy joder!”-. Era de recepción, tenia una llamada… -“¿Hellen?”-… -¿como coño sabia donde estoy?-. Quería verle de nuevo, suplicaba, lloraba… Jack no quería seguir con esa mierda, se habían conocido solo unas horas antes. Entonces miró la hora… se había dormido. Tenia 50 minutos para llegar al aeropuerto y salir hacia Dallas.
Soltó el teléfono y subió a agarrar sus cosas de la habitación, al bajar el teléfono seguía descolgado sobre el mostrador con Hellen sollozando al otro lado de la línea.
Jack tomo un taxi, le ofreció 10 pavos extra si llegaba a tiempo y volaron por la autopista hacia el aeropuerto. En el taxi aparecían, como visiones, imágenes de la noche anterior. Aun se sentía borracho, no sabia si vomitar al mundo o si era el mundo el que le estaba vomitando a él.
Llegó a tiempo al avión. Una vez sentado, antes de despegar, pensaba en Frisco. Otra vez estaba saliendo de allí sin saber cuando regresaría… pero daba igual, volvería cuando quisiese, como siempre. Entonces intento dormir.
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Con este texto he intentado homenajear a esa generación de escritores, dura y repelente como la vida misma, la Generación Beat.
Pero como bien digo… “he intentado”.

Yo no tengo tan claro cuando volveré a Frisco, si esta es la última vez o no. Si ese fue el último día de Jack o de Pak. Tal vez Hellen existió… tal vez hice escala en Dallas para volar a Costa Rica, tal vez alguien me llamó para no perder el vuelo… tal vez todo no fue así… ¿tal vez nada fue así?.
La vida de la gente… ¿es tan interesante como la vive o menos interesante de como la cuenta?.

De SF volé a San José (Costa Rica) vía Dallas. De América viajé a América. De una a la otra, porque como dice Galeano:

“Ahora América es, para el mundo, nada más que los : nosotros habitamos, a lo sumo, una sub América, una América de segunda clase, de nebulosa identificación.
Es América Latina, la región de las venas abiertas.”

– Eduardo Galeano. Las venas abiertas de América Latina (1970) -.

Todas las fotos de Frisco.
La serie de Ocres.