Aquí va otro intento… de vivir del pasado.

Mirando al pasado

La incontinencia bloguera tornó en intermitencia y hace más de un año que no escribo nada en el blog. Lo intento, sigo abriendo nuevos borradores y dando vueltas a futuros post pero entonces me vence la pereza. Las ganas de escribir y mostrar no consiguen derrocar al peso del esfuerzo que requiere mantener vivo este monstruo, un esfuerzo sin más recompensa que poder volver atrás en el tiempo y recordar lo que fuí y como era. Algo nada desdeñable teniendo en cuenta las sabias palabras del gran Manu Leguineche: «vivir del pasado tiene una ventaja: es más barato.«.

Ese esfuerzo lo duplica la exigencia, no me vale la prosa fluida que no dice nada, no me valen los datos, solo cuentan las historias, las experiencias. Y abrirse al mundo siempre es difícil. Indagar en uno mismo es cada vez más complicado, encontrar las palabras, dar forma a las historias, contar lo que ven los ojos no es tan sencillo como enseñarlo y a mis ojos cada vez les cuesta más mirar la pantalla del ordenador en vez de los paisajes que me rodean. Los puedo enseñar, ¿pero que cuento?. Cuando viajar se transforma en la vida y la vida se transforma en viaje no es sencillo hallar la perspectiva del asombro y parece que siempre todo hubiese sido así. Nunca fue distinto.

Quiero volver a asombrarme mirando con los ojos del que ve por primera vez y siento que era el blog, este monstruo, una de las razones que me ayudaban a ello: «la persona que deja de asombrarse está vacía por dentro; tiene el corazón quemado.«, decía Kapuscinski. Y como yo no tengo el corazón quemado quiero llenarme de asombro. Quiero volver a disfrutar de las experiencias vividas una segunda vez, cuando lo escribo, y otras tantas veces más cuando me apetezca, para eso solo tendré que leerme.

A partir de ahora voy a intentar volver a escribir para mi. La razón primera del nacimiento de este diario de viajes que nunca tuvo pretensiones pero que no supe alimentar cuando se hizo mayor. A partir de ahora volvemos a ser niños los dos, no vamos a esperar nada uno del otro y solo nos vamos a juntar cuando nos apetezca disfrutar, cuando queramos jugar. Sin presión, sin responsabilidades ni exigencias, es el momento de empezar de nuevo.

Igual que la cronología no existe en los recuerdos y vuelven espontáneos cuando les viene en gana, así voy a plasmarlos aquí de nuevo. Espontáneos e intemporales. Tal vez un día solo venga una imagen y otro sienta que quiero recordar una historia, de esa forma va a quedar reflejado, con el mismo caos que tiene el almacén desordenado que los guarda; mi hipocampo.

Pero esto es, una vez más, otro intento. El futuro dirá en que queda. Mientras, pienso seguir viviendo del pasado como siempre he hecho.

Gracias Ignacio e Isa por el empujón 😉 .

Encuentro con rinoceronte blanco en Matobo (Zimbabwe) – Safari andando.

Safari andando con rinos

De entre todas las experiencias y actividades que he realizado en estos últimos 4 meses por el África austral hay una que me ha conquistado sobre el resto. Se ha ganado un pedacito de mi y cada vez que la repito me resulta más emocionante y espectacular. Es el encuentro con rinoceronte blanco en el Parque Nacional de Matobo.

Las sensaciones que tienes al acercarte a este espectacular mamífero a menos de 20 metros, sin camiones o coches que puedan protegerte, son indescriptibles. La primera debe ser la emoción, sientes fluir la adrenalina al encontrarte cara a cara con un bicho de hasta 2 toneladas y 4 metros de longitud capaz de alcanzar velocidades que llegan a los 50 kilómetros por hora.

Cuando llevas un rato observándolo aparece la calma y la paz. El miedo se disipa al ver su honorabilidad, su respeto hacia el respeto. Si no lo molestas, si respetas las normas (sus normas), si mantienes la distancia de seguridad, si no lo ofendes con el ruido y demuestras que tus intenciones son puras es capaz de dejarse llevar y enseñarte su mundo aceptándote como uno más en la sabana. Te hace sentir parte de este todo que fluye en la naturaleza y que pocas veces los humanos conseguimos entender y disfrutar.

La sensación final me resulta parecida a la felicidad. La de haber pasado casi una hora en silencio compartiendo un ratito de su tiempo, de su vida y su paz. La felicidad de que se haya sentido seguro y tranquilo ante su mayor depredador, el único animal culpable de que su población llegase a disminuir en 1970 en un 90% de los individuos censados y de que su muerte sea un negocio y su vida una lucha contra el reloj de los furtivos y los gobiernos permisivos.

Si no se pone freno a la locura que supone el comercio de sus cuernos la población mundial de rinocerontes bajará en los próximos 10 años a cifras escalofriantes. La comunidad científica habla de que, a este paso, en menos de 20 años la única forma de ver un rinoceronte será en los libros o en las fotos de los que tuvimos la suerte de encontrarlos cuando aún quedaban.

Todo por culpa de la mística y la superstición. Para algunas culturas asiáticas el cuerno de rinoceronte tiene propiedades curativas e incluso afrodisiacas. Es capaz de sanar de cáncer y potenciar los orgasmos. Una completa tontería teniendo en cuenta que este cuerno está formado casi en su totalidad por queratina, la proteína que forma las capas más externas de la epidermis y tejidos como las uñas o el pelo. En el mercado negro el kilo de este cuerno supera los 100.000 dolares, más valioso que su peso en oro, y sería igual de eficiente juntar un montón de limadura de uñas. Y bastante menos nocivo para el mundo animal.

Un cuerno completo llega a alcanzar un peso de 10 kilos. Un botín demasiado valioso para los que poco tienen que arriesgar, por eso en el parque de Matobo les liman los cuernos con cierta periodicidad. Esto se debe a que, al igual que las uñas, crecen una media de 4 cm por año. Su distinción es su castigo, un castigo que no para de crecer.

Rino blanco

La dinámica del encuentro suele consistir en 3 fases. La primera es la de localización. Esta puede hacerse gracias a las informaciones de los guardias del parque o subiendo a una colina (un punto alto) para encontrar su posición.
Una vez localizados empieza la fase de acercamiento. Si el punto es lejano se va en 4×4 hasta una zona que permita el acceso andando y si están lo suficiente cerca se camina hasta ellos.
Las normas de seguridad son básicas: silencio absoluto y fila india caminando contra el viento hasta una distancia prudente de unos 20 metros. Una vez allí comienza el encuentro, la tercera fase. En este momento se reagrupa todo el mundo y se espera a ver sus reacciones hasta que están calmados para intentar acercarse un poco más. Lo normal es que a esas horas del día se encuentren descansando en la sombra, guardando energías hasta que caiga el sol. Al notar la presencia humana se ponen nerviosos y a la defensiva hasta que comprenden que las intenciones son buenas y sienten el respeto, entonces, una vez se relajan te dan la espalda (demostrando que no tienen miedo) y buscan el lugar donde volver a tumbarse.

Rino blanco

El resto consiste en disfrutar del espectáculo. Si el ruido aumenta a veces se ponen nerviosos y su primera reacción es la de alejarse del supuesto peligro, otra opción si no lo ven claro es cargar. Ante una carga de rinoceronte lo principal es mantener la calma e intentar refugiarse detrás de algo capaz de taparte, esto puede ser un árbol, un termitero o algún compañero de viaje que no te caiga del todo bien. Subirse a un árbol puede ser otra manera de salir del entuerto.

Un rinoceronte blanco es bastante más social que el rinoceronte negro, esto hace más complicados los momentos de peligro si se respetan las normas, pero no disipa por completo las posibilidades de un «ataque preventivo«. Son animales salvajes cuya única protección es el instinto, cualquier cosa que les pueda parecer hostil es un peligro y los humanos somos, seguramente, el animal más hostil del planeta.

Safari andando con rinos

La diferencia principal entre un rinoceronte blanco y uno negro son la forma de la boca, la alimentación y el tamaño. El color es práticamente el mismo y el nombre se debe a un error de interpretación. En el siglo XVII los colonos holandeses le dieron al rinoceronte blanco el nombre de wijde, que significa «ancho«, en referencia a sus labios y en contraposición con la boca más estrecha del rinoceronte negro. Cuando llegaron los británicos pensaron que lo que decían era white, palabra que en inglés significa «blanco» y así quedaron los nombres del segundo animal terrestre más grande después del elefante.

Además de la boca, la forma del cuello hace que el rinoceronte blanco se alimente de pasto, mientras que el cuello más estrecho y musculado del negro lo obligan a comer de arbustos ante la incomodidad que le produce bajar la cabeza para pastar.

Rino blanco y cria

A Matobo se llega desde Bulawayo, la segunda ciudad más grande de Zimbabwe. El parque se encuentra a 35 km al sur y su nombre significa «cabeza pelada«, por el aspecto de las rocas graníticas que se mantienen en equilibrio y que parecen cabezas de calvos.
Es una de las formaciones graníticas más antiguas del planeta, se formó hace unos dos mil millones de años, cuando el granito se vio forzado a subir a la superficie y dio lugar a un paisaje lleno de cerros testigo formados por grandes cantos rodados. Es el primer parque nacional de Zimbabwe (1926) y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 2003. La población de rinocerontes se estima en unos 114 individuos y su reintroducción se comenzó en 1960.

Rino blanco y cria

Los periodos de gestación son largos, de entre 16 y 18 meses y las crías nacen con un peso que ronda los 45-50 kg. No son animales estacionales ya que esperar las gestaciones para los machos supondría una cárcel. Las hembras muestran el celo esparciendo feromonas en la orina y ahí los machos saben que puede ser su día de suerte.

Las unidades familiares son de la hembra con las crías mientras que los machos suelen ser solitarios. Es un gigante con una esperanza de vida que ronda los 50 años, si los dejan llegar a tanto y el valor de sus cuernos no supera el de sus vidas.

Safari andando con rinos

La población mundial de rinocerontes ronda los 20.000 ejemplares, con un 93% de ellos en Sudáfrica. Es un buen número teniendo en cuenta que a inicios del siglo XX llegaron a quedar tan solo 1.000 individuos, aunque no tan bueno si nos planteamos que antes de la colonización europea del continente africano eran cerca de 1.000.000.

Su problema es que en un año pueden llegar a morir más de 300 por la caza furtiva y otros tantos de muerte natural. Si no se regula el mercado de cuerno de rinoceronte como se hizo con el marfil y si los gobiernos no crean un mercado paralelo y regulado de este material para contrarrestar su elevado precio en el mercado negro las cifras no van a parar de subir y los 60 años que hacen falta, a este paso, para acabar con la especie, nos parecerá poco tiempo para poner freno a su extinción.

Rino blanco

Rino blanco y crias

Es un espectáculo digno de ver y de disfrutar y me siento afortunado de que ya sean 3 las veces que, junto a Ian y su equipo, he tenido la suerte a acercarme a estos preciosos e imponentes mamíferos.

Me quedan 2 viajes para terminar la temporada, otros 2 encuentros antes de que abandone el continente africano por un tiempo y el rinoceronte blanco se transforme de nuevo en un recuerdo.
El recuerdo de uno de los 5 grandes mamíferos del planeta al que he podido sentir bien cerca.

Safari andando con rinos

Ian y su equipo son African Wanderer, la empresa con la que realizamos esta increíble actividad.

The big five (los cinco grandes de África)

El término de «los cinco grandes» proviene del mundo de la caza, son los 5 animales más complicados de cazar a pie, los cinco mamíferos más cotizados, algunos de los más difíciles de encontrar y los más representativos del continente africano.
Los tiempos en los que su vida pendía de las manos de «deportistas» hambrientos de sangre han quedado en el pasado, por suerte. Las leyes se han endurecido y los países en los que se encuentran han restringido las normas que permitían matar por deporte… o por codicia.
Es dura la lucha contra los furtivos pero el mundo está cada vez más mentalizado de la importancia de la vida animal y lo que representan en la continuidad de los ecosistemas que habitan. Ahora siguen siendo igual de codiciados… pero para los cazadores de imágenes. Las nuevas armas hacen click en vez de pum y permiten inmortalizarlos para siempre sin daño alguno para ellos. Puedes colgarlos en la pared, en papel baritado, en vez de disecados. El nuevo taxidermismo es digital o tiene el taller en un cuarto de revelado.

En este último viaje he tenido la suerte de encontrarme a los cinco entre dos de los parques más bonitos del África Austral: Etosha y Chobe, en Nambia y Botswana respectivamente. Y los he cazado.

Rino

El primero el rinoceronte, el negro en este caso. Apareció sediento a la hora del atardecer en una de las charcas de Etosha. Un espectáculo impresionante.

Leopard

Pero no tanto como ver al leopardo disfrutando de un un buen festín en Chobe. El día antes ya pudimos divisarlo a lo lejos en un boat cruise por el río que da nombre al parque. Majestuosidad es la palabra más adecuada para definir a este maravilloso felino.

Lion

No podía faltar el león. El rey de la selva, de la sabana… o del secarral. Porque Etosha no es precisamente un vergel. Ni nada que se le parezca. Esta falta de agua es la que permite, gracias a las charcas, ver más cantidad de animales de los que se verían sin ellas en este inmenso parque de más de 22.000 kilómetros cuadrados, uno de los más grandes del mundo. En este caso era la reina, una leona solitaria caminando tranquila en busca de alguna sombra que la ayude a soportar el calor.

Elephant

Y el más grande de entre los cinco grandes; el elefante. Esta manada estaba en Chobe, junto al río, esperando el beneplácito del macho para poder acercarse a beber el líquido elemento. A pesar de su envergadura y fortaleza nadie da un paso en la selva sin antes comprobar el terreno, las crías siempre pueden ser presas de algún cocodrilo hambriento capaz de desafiar los tamaños en pos de un buen bocado.

Buffalo

Por último, pero no menos importante, el búfalo. Uno de los más peligrosos y tal vez el más listo en la forma de atacar. Es el animal que más muertes causa en África, el más temido. Estaba tranquilo pastando en una de las islas que forma el río Chobe en su paso por Botswana.

Aquí los tengo «cazados«, taxidermados para siempre en este muro que es el blog. Los cinco grandes. Los más buscados.

Pero no todo es bonito y hasta en esta parte del mundo tengo que avergonzarme del país que me vio crecer. Las noticias aquí están tomadas por el asesinato de uno de los símbolos de Zimbabwe a manos de un cazador español. El león Cecil tardó dos días en morir, una aberración que se hace más grande al leer en The Guardian que España es el país que más «trofeos de caza» ha importado en los últimos años. De 2007 a 2012 se importaron 450 cabezas de león, una barbaridad comparada con las 100 de Alemania.
Me avergüenzo de esa España y más que nada de esos empresarios millonarios que se la miden a base de trofeos de animales cuya existencia está amenazada. El paletismo de las élites españolas se transforma en patetismo al leer estas noticias.
En estos momentos me gustaría creer en el karma pero me vuelvo malvado y desearía ver las cabezas de esas clases altas como trofeo en algún museo. Porque élites siempre habrá, pero me pregunto si nuestros hijos podrán ver en el futuro, como he tenido la suerte de ver yo, los cinco grandes de África fuera de un zoológico o una foto en un libro. Inshallah.

(*) Editado 28 de Julio de 2015. Parece ser que el cazador no era español y tengo una cosa menos de los que avergonzarme. Leo a Dani Serralta en su cuenta de Facebook que se trata de WALTER JAMES PALMER, un estadounidense guiado por el sudafricano Theo Bronkhorst. Ambos dos una vergüenza para el mundo de la caza en particular y para el género humano en general. Gracias Dani por la info.
Para seguir más cerca el caso os invito a seguir la cuenta de Dani y os dejo un par de noticias que lo explican:
El cazador que mató a ‘Cecil’ es estadounidense, dentista y apasionado de la caza
Identificado un estadounidense como el cazador del león Cecil

Ruta del Okavango, una visión general del África Austral (Namibia, Botswana y Zimbabwe)

Desert Camp

Hace tiempo que no posteo. Más de un año ya sin contar mis aventuras y viajes, sin confesarme por escrito ante una página en blanco. Más de un año sin escribir es demasiado tiempo para mis manos, más de un año sin que mis fotos vivan fuera del disco duro es demasiado tiempo para ellas.

Demasiadas aventuras y poco tiempo dedicado al resto, a vosotr@s, e incluso a mi mismo, porque el blog era tan parte de mi como mis cicatrices. Porque el blog era también vuestro y os dejé de lado. Nos dejé de lado.
África, América y Asia son los continentes olvidados de mis últimas aventuras. Namíbia, Botswana, Zimbabwe, República Dominicana, México, Tibet, Nepal, Andorra o Irán son los nombres propios que aparqué en un tintero en el que nunca recordé mojar la pluma.

Ahora echo de menos escribir, echo de menos contar y os echo de menos a vosotros, porque no solo de Instagram vive el hombre y Facebook o Twitter no son suficiente para explayarse a gusto.

Este último viaje es la excusa necesaria. La aventura que voy a resumir a grandes rasgos con más imágenes que palabras será el comienzo del regreso. Y aunque no prometo una regularidad continua si puedo comprometerme, al menos, a una intermitencia constante.

Vía láctea

La aventura de la que hablo es la Ruta del Okavango, un viaje que realizo como guía para Ratpanat y ante el que es imposible no maravillarse. Sobre todo por las postales que deja en la retina, o en el sensor de la cámara.
Y así va a ser, a base de postales, la forma en que voy a empezar hablando de él. En sucesivos post desarrollaré cada punto, cada lugar, cada paisaje y me explayaré como debe hacerse para contar lo que provoca la belleza de estos lugares.

Ahora son solo postales, os invito a disfrutarlas. Esto es solo el aperitivo… el plato fuerte está por venir.

Las fotos de arriba son los cielos del desierto del Namib desde Desert Camp, en la primera pueden observarse también las tiendas donde nos alojábamos. La segunda foto es la vía láctea en todo su esplendor desde el hemisferio sur.

Dunas

Dunas del desierto del Namib en el camino a Deadvlei, un impresionante lago seco rodeado de desierto y con acacias muertas que no acaban de pudrirse por la falta de humedad. Un paisaje que parece sacado de una película de Tim Burton o de cualquiera de los sueños más surrealistas en los que Dalí se inspiraba para crear muchas de sus obras.

Deadvlei

Deadvlei

Dunas

Manada de Orix

Esta es una foto aérea durante un vuelo en helicóptero por este océano de dunas rojas que es el Desierto del Namib. Los animales que corren ante el sonido de nuestro pájaro de hierro se llaman Oryx y su belleza es solo comparable a su poderío cuando te miran desafiantes durante los safaris en los que recorremos estas tierras.

Osos marinos

Colonia de osos marinos en Cape Cross. Más de 120.000 espécimenes crean un paisaje espectacular y momentos de extrema belleza en esta parte de Namibia. Su presencia aquí se debe a la cantidad de cardúmenes de peces que habita las aguas namibias. La particularidad del lugar es su olor, por supuesto, imaginad 120.000 individuos de cualquier especie retozando en un mismo lugar sin baños… ni aunque fuesen humanos.

Osos marinos

Osos marinos

Himba

Uno de los mayores atractivos de este viaje es el contacto con las tribus que habitan el norte de Namibia en su zona fronteriza con Angola. Entre ellas destacan las Herero y las Himba, culturas ancestrales que se mantienen casi intactas.

Las protagonistas de estas fotos son Himba, una tribu de la que hablaré con detenimiento y sobre la que más adelante contaré detalles de sus particulares adornos y tradiciones. Por ahora, como decía al principio, esto es solo un aperitivo.

Himba

Epupa Falls

Cataratas Epupa. Unas impresionantes cascadas formadas por el río Kunene, río que en este tramo es frontera natural entre Namibia y Angola.

Paso de cebra

Paso de cebra en Etosha y un springbok que mira sorprendido. Os aseguro que no he visto ningún conductor que no parara ante estos pasos de cebra, incluso sin peatones a los lados.

Girafa bebiendo

Jirafa bebiendo en Etosha. Una imagen que me encanta ya que es bastante difícil de encontrar. Es el momento más peligroso en la vida de este mamífero ya que la posición que tiene que adoptar cada vez que quiere beber agua crea unos segundos de indefensión total que lo dejan a merced de cualquiera de sus depredadores.

En las charcas la jerarquía es siempre aceptada e irrompible y podemos ver las avestruces esperando su turno para disfrutar del líquido elemento.

Elefantes

Elefantes en Etosha. Los de arriba los vimos jugando en Okakuejo, una de las charcas más bonitas y accesibles, el de la foto de abajo es un macho ya mayor que nos encontramos al borde de la carretera cuando salíamos del parque.

Elefante

Río Chobe

Okavango al amanecer. La niebla se forma por el contraste de temperaturas entre un agua templada y unas mañana frías y húmedas. Las vistas son desde NGEPI, uno de los campamentos más curiosos que he visto en todo el viaje.

Águila pescadora

Y una de las fotos de las que me siento más orgulloso. Macho y hembra de águila pescadora en el momento exacto en el que uno de ellos atrapa una presa descuidada. No sé el género de la que acertó en la caza pero sé que son macho y hembra porque siempre están en pareja y es complicado encontrar 2 machos o 2 hembras juntas.
La foto es en uno de los canales que crea el único delta interior del mundo, ya que el Okavango no desemboca en el mar si no que lo hace en el desierto del Kalahari.

La vía láctea desde en el Okavango

Vía Láctea desde el delta del Okavango.

Okavango desde el aire

Y estas son algunas imágenes aéreas durante el vuelo escénico con el que sobrevolamos este impresionante delta.

Okavango desde el aire

Okavango desde el aire

Okavango desde el aire

Cocodrilo

Los cocodrilos descansan con la boca abierta para poder refrigerar el pequeño cerebro (3-4 cm) que tienen entre los ojos.
Este estaba tranquilamente, al fresquito del atardecer, en el parque de Chobe (Botswana).

Búfalos

Seguimos en el parque de Chobe, en esta ocasión los búfalos al atardecer creaban una estampa icónica, casi tanto como los elefantes de la foto de abajo.

Elefantes

Atardecer

El atardecer es impresionante en este lugar. Chobe es una maravilla en todos sus aspectos, ya sea para disfrutar de un safari en barco que termina con un atardecer precioso o para hacerlo en 4×4 y observar su abundante fauna durante el amanecer.

Elefante

Elefante al amanecer en Chobe.

Búfalo

El búfalo es uno de los animales más peligrosos de los que aparecen en este post. Cuando un búfalo ataca no avisa y si está solo y herido es muy complicado salir vivo del encuentro.

Hipopótamos

Hipopótamos aprovechando los primeros rayos del sol.

Chacal de lomo negro

Chacal de lomo negro disfrutando de las sobras del festín que quedaban en los huesos de un búfalo practicamente devorado.

Facoquero

Y no podía faltar Pumba en este aperitivo. Su nombre real es facoquero y no deja de ser divertido encontrarlo comiendo, con su peculiar estilo, en cualquier parte del camino.

Victoria Falls

El broche final del viaje son las Cataratas Victoria y el vuelo escénico con el que poder disfrutar de este espectáculo de la naturaleza que, desde 1989, es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

La foto de abajo es desde el Victoria Falls Hotel, se pueden ver las Mosi-oa-Tunya (nombre original de estas cataratas),  cuya traducción significa: el humo que truena. El sonido no puede transmitirse en la foto pero viendo el «humo» podéis imaginar su tronar.

Victoria Falls

Como ya he dicho, esto es solo el principio, pero no solo habrá post de esta zona. Mi intención es desempolvar viajes pasados e ir contando, sin prisa pero sin pausa, lo que han sido mis últimas aventuras. La cronología se va a diluir por el ansia de escribir y me voy a dejar llevar por la inspiración más que por la razón.

No lo debería decir más porque ya lo he dicho mucho, pero bueno, me encanta repetirme: ¡HE VUELTO!.

La cara norte del Everest (Tibet – China)

Cara Norte Everest

Este post es en recuerdo de los 13 Sherpas que perdieron su vida la semana pasada intentando equipar las vías con las que otros alcanzarán la fama y el honor. Tres más siguen desaparecidos y las esperanzas de encontrarlos con vida se desvanecen con el tiempo.

Ha sido una de las mayores tragedias que han ocurrido en esta montaña, en este totem del himalayismo y del montañismo en general. En la cima del mundo, el techo de este planeta hostil que hoy celebra su día.

Tal vez sirva para que las condiciones de estos titanes de la montaña, estos superheroes de ojos rasgados, mejoren de una vez y reciban las recompensas que sus esfuerzos merecen. No lo creo. Servirá para recordar lo dura que es la vida en la altura y la fuerza de la madre naturaleza frente a la pequeñez que representa el ser humano ante tanta magnificencia.
Somos enanos entre gigantes por mucho que intentemos negarlo.

Y como estos Sherpas, estos increíbles escaladores, tienen nombres y apellidos, como los de los montañeros occidentales que perecen, a veces, en similares circunstancias, voy a ponerlos aquí. Los 13 fallecidos son:

-Mingma Nuru Sherpa, de Namche-4 (Solukhumbu)
-Dorji Sherpa, de Namche-4 (Solukhumbu)
-Ang Tshiri Sherpa, de Namche-07
-Nima Sherpa, de Namche-09
-Phurba Ongyal Sherpa, de Khumjung-07 (Solukhumbu)
-Lakpa Tenjing Sherpa, de Khumjung-02
-Chhring Ongchu Sherpa, de Khumjung-02
-Dorjee Khatri, de Lelep-09 (Taplejung)
-Then Dorjee Sherpa, de Khumjung-07 (Solukhumbu)
-Phur Tempa Sherpa, de Yaphu-09 (Sankhuwasabha)
-Pasag Karma Sherpa, de Juvin-05 (Solukhumbu)
-Asman Tamang, de Sotang-09 (Solukhumbu)
-Ang Kaji Sherpa, de Makalu-09 (Sankhuwasabha) 

Los Sherpas que permanecen desaparecidos son:

-Tenzing Chottar Sherpa, de Namche-09 (Solukhumbu)
-Pem Tenji Sherpa, de Choksam-02 (Solukhumbu)
-Ash Bahadur Gurung, de Laprak-07 (Gorkha)

Los nombres, apellidos y pueblo de procedencia los ha proporcionado el Ministerio de Turismo de Nepal pero yo los he tomado prestados del post de Fernando J. Pérez en uno de los blogs de El Correo: La mayor tragedia del Everest se ceba con los sherpas.

Que en paz descansen.

***

La foto es de Agosto del año pasado desde la parte tibetana. Es la cara norte, una de las más duras, famosa porque en ella se encontró el cuerpo de George Mallory en 1999. Desapareció en su tercer intento de ascensión en 1929 y nunca se sabrá si consiguió hacer cima 29 años antes de que Edmund Hillary y Tenzing Norgay pasasen a la historia como los primeros en pisar el punto más alto del planeta.

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