Luang Prabang, monjes y relax.

Al día siguiente del Rocket Festival salí de Muang Sing con dirección a Luang Prabang. El viaje empezó a las 7 a.m. y acabe llegando pasadas las 11 de la noche, un estupendo día metido en autobuses. La ruta fue: Muang Sing – Luang Nam Tha – Oudomxay – Luang Prabang. Tres autobuses distintos por los que pague unos 11 $ en total.

Llegamos a Luang Prabang pasadas las 11 y eso supuso un pequeño problema, porque en hay una especie de «toque de queda» encubierto. Me explico. Por ley los bares, restaurantes, hoteles, hostales, tiendas y guest houses tienen que cerrar entre las 23.00 y las 23.30, con lo que a partir de esas horas no ves a casi nadie por las calles. Todo Laos se convierte en un país fantasma, y llegar a tu destino pasadas las 11 supone imaginarte durmiendo en la calle. La única opción es aporrear puertas y ventanas de todos los guest houses hasta que consigas despertar a alguien. Por suerte conseguimos que uno nos abriera (estábamos 4 personas igual). Este guest house estaba situado en una paralela a la calle principal de la ciudad. Pague 5.5 $ por habitación doble y al final conseguí dormir en cama.

Luang Prabang es la antigua Capital Real de Laos. Es una ciudad de 26.000 habitantes que parece mas un pueblo, a pesar de la cantidad de turistas no pierde su ritmo relajado, su tranquilidad, su paz… es una ciudad que invita al relax.

Fueron 2 días en los que visite el Royal Palace Museum (Ho Kham), subí a ver el atardecer desde el Phu Si (templo situado en lo alto de la colina central), disfrute paseando a orillas del Mekong y parando en cualquier bar con bonitas vistas para calmar la sed con un Mirinda bien fresca… si, aquí aun quedan!!.

Lo mejor de Luang Prabang es pasear por sus calles, perderte entre ellas, visitar sus templos y el precioso mercado nocturno o levantarse a las 5 de la mañana para ver la procesión de monjes que salen a recoger la comida que dona el pueblo a los templos. La manutención de los monjes se basa en las donaciones de comida por parte de la gente y casi nadie duda en donar diariamente porque es una de las formas de ganar méritos para tu siguiente reencarnación. No podemos olvidar que el porcentaje de budistas en Laos supera el 85% de la población.

Es algo precioso de presenciar, yo alucinaba… se respiraba paz, excepto en algunos momentos en los que sientes bastante pena al ver a los monjes como si fuesen una simple atracción siendo fotografiados por turistas que no dudan en disparar los flashes de las cámaras a escasos palmos de sus caras.

Yo pienso que se pueden plasmar estos momentos pero siempre desde el respeto, y por supuesto sin flash, que no solo incordia a los monjes, también espanta a algunas de las personas dispuestas a donar.

Y del relax y la tranquilidad de Luang Prabang pegue un giro de 180 grados y salte al desenfreno y el turisteo elevado a la enésima potencia, la ciudad del pecado laosiana, la extravagante y divertida Vang Vieng.

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