Flores, una isla en el Lago Petén Itzá.


flores

Foto vía: Wikitravel

está espectacularmente situada en el interior del Lago Petén Itzá. Es una pequeña de 23.000 habitantes unida, por un istmo de tierra, a la cercana localidad de Santa Elena. El mayor encanto que tiene, además de la localización en el lago, es la cercanía a la ruinas de Tikal, y una de las peculiaridades de las que mucha gente me habló es el calor.
Yo no lo sufrí especialmente, llegaba casi en Diciembre, pero sus 110 m.s.n.m. y su situación, en medio de un lago en la selva, hace que sea un lugar bastante húmedo y caliente.

Llegué desde Belice y mi intención era pasar unos días tranquilos, llevaba una racha de demasiado movimiento desde que salí de El Salvador. Como no me convenció demasiado Utila en particular y Honduras en general, y tres cuartos de lo mismo con Belice, estuve una semana y pico en la que viajé casi cada día.
Nada más llegar busqué alojamiento en El Mirador  del lago II, que depende de El Mirador del lago I pero es más barato, no está en «primera línea de lago«, comí algo y decidí dar una vuelta por la isla, ya buscaría la forma de ir a Tikal en mis días de relax…. o eso pensaba yo.
Entonces apareció Stefanie (Quebec City) y acabé comprando la visita a Tikal a las 11 de la noche para salir con ella al día siguiente, a las 5 de la mañana. Culpa suya y de las Gallo (cerveza guatemalteca).
Tuve suerte, compré la visita en el mismo hotel, el recepcionista que me lo vendió estaba un poco «contentillo» y me dijo que si «ella» no se enteraba (Stefanie no hablaba español), me lo dejaba a mitad de precio: –Aunque no sos Chapín vos no sos Gringo, buena onda con los españolitos-, (que significa: Aunque no eres guatemalteco tu no eres «guiri», nos caen bien los españoles).
Fueron unos 35 $, por el mismo billete por el que Stefanie había pagado 65 $. Mi primer día en y empezaba a darme cuenta que allí el tema precios iba a ser un handicap interesante.
«Postpuse» los días de relax para después de visitar las ruinas, un lugar de esos mágicos que no se olvidan, y a las 4.30 estaba sonando el despertador. Menos mal que es casi una hora y media de viaje y pude echar una cabezadita.

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